Translate

La Chaqueta Metálica de Kubrick

- ¿DE DÓNDE ERES, RECLUTA?

- ¡SEÑOR, DE TEXAS, SEÑOR!

- ¡NO ME JODAS! ¡EN TEXAS SÓLO HAY VACAS Y MARICONES, Y TÚ NO TE PARECES A UNA VACA!

( Sargento de instrucción Hartman y Soldado Cowboy )


Magistral, Kubrick, como siempre, aportando una visión distinta de lo cotidiano, de lo fantástico, de lo social, de lo bélico...sus películas pasan por ese filtro maravilloso de su mente y de su imagnación, convirtiendo todo lo que toca, todo lo que hace en algo exquisito, y en “Full Metal Jacket” no iba a ser menos.


La chaqueta metálica nos adentra en la guerra de vietnam, tan explotada cinematográficamente, pero nunca contada como hasta ahora. Por norma general en el cine bélico, el gran tema principal es la guerra en sí, la batalla, la lucha, hay algo que ganar o que perder, una misión, un objetivo... y tras éste se pueden enlazar otras historias individuales menores, que ayudan a sazonar el film y no hacerlo tan plano. Sin embargo, Kubrick en la chaqueta metálica hace una película sobre soldados, sobre personas, que primero se preparan y más tarde van a la guerra, pero siempre relatándonos todo desde el punto de vista de los reclutas. Eso es lo que la hace tan grande, es una película de guerra basada en el guión, en el diálogo, las bombas, los efectos especiales, la acción pasan a un segundo plano. Kubrick acompaña al guión y a las conversaciones con imágenes, no al contrario, como le era habitual en películas como en “2001: Una odisea en el espacio” o “ La Naranja mecánica” donde la mayor parte del peso narrativo recaía en la fotografía. Y en este caso nos muestra un Vietnam más urbano que nunca, sin tanta jungla ni charlies....


Además, qué decir de la banda sonora, llena de temas 60’s y 70’s, que marcan a la perfección el tempo de la narración y que ayudan a engrandecer aún más si cabe a este película cargada de matices y de buenos diálogos.


Who's the leader of the club that's made for you and me?
M-I-C-K-E-Y M-O-U-S-E.
Who is marching coast to coast and far across the sea?
M-I-C-K-E-Y M-O-U-S-E.
Mickey Mouse. (Mickey Mouse.)Mickey Mouse. (Mickey Mouse.)
Forever let us hold his banner high.High. High. High.
Come along and sing a song and join the family.
M-I-C-K-E-Y M-O-U-S-E.



Javier Pastor

Otro apunte sobre Furia de Fritz Lang.

La película comienza con el consabido intertítulo de "Los eventos y personajes descritos en esta película son ficticios y cualquier parecido con personas reales, vivas o MUERTAS, es pura coincidencia." Sí, es verdad, tal vez nunca existiera un tal Joe Wilson ni un pueblo llamado Strand en el que se quemara la cárcel con alguien inocente dentro, pero que los linchamientos eran antes algo común y que Fritz Lang, gran observador, en sus casi dos años de estancia en EEUU antes de rodar Furia viera en la prensa gran cantidad de casos similares no tiene nada de coincidencia.


Más avanzada la historia y en boca del fiscal encargado de llevar a la horca a los 22 acusados se pronuncian las siguientes palabras: "Su Señoría, en los últimos 49 años las turbas han linchado a 6.010 seres humanos... colgándolos, quemándolos, cortándolos... en ésta, nuestra orgullosa tierra. Un linchamiento cada 3 días."


Aunque todo esto parezca sacado de películas en blanco y negro, en las que unos labriegos, antorcha en ristre, asedian a Frankenstein en un molino, hoy en día también ocurren casos similares. A mi memoria acude un hecho sudecido recientemente, en noviembre de 2009. Un linchamiento público y mediático sucedido cuando un hombre fue acusado de matar y violar a su hijastra. Al día siguiente toda la prensa nacional se hizo eco de la noticia. Recuerdo un titular del periódico ABC que rezaba así: "La mirada del asesino de una niña de 3 años". Y la foto del esposado en primera plana. Pues bien, al final resultó que era inocente y que la niña había sufrido un accidente en un columpio. ¿Cuál habría sido nuestra reacción ante una posible justicia popular, antes de que se hubiese demostrado la inocencia del pobre hombre?...

En la filmografía de Lang abunda la advertencia e importancia que tienen las masas como fuerza activa.
También temas coincidentes como la venganza, el falso culpable y el visionado a los lados más oscuros del ser humano. Con Furia, Lang le dió un buen palo a la justicia norteamericana.

J.M. Trigueros.

Eric Rohmer. Buscando la Esencia.

"Mi filosofía no ha cambiado ni creo que vaya a hacerlo. Siempre he pensado que una película merece la pena cuando se puede llegar a la esencialidad. También creo necesario dejar un espacio al azar. Y es entonces cuando se producen esos azares tan valiosos. Paradójicamente, en mis películas todo es fortuito... menos el azar. De ahí se deriva o se desprende que todos los riesgos de mi carrera, que han sido muchos, hayan estado siempre calculados. ¿Una nueva película? Bergman anunció muchas veces su última película, su retirada, su despedida. Pero cuántas últimas películas hizo, ¿no?"


Con estas palabras respondía Eric Rohmer (1920-2010), fallecido ayer 11 de Enero a los 89 años, sobre su filosofía cinematográfica y su posible retirada al periódico El Mundo en una entrevista realizada en 2007 con motivo del estreno de la que finalmente es su última película, El romance de Astrea y Celadón (2007). Reafirmaba en esta entrevista su admiración por la fortaleza del cineasta portugués Manuel de Oliveira nacido en 1908, quien el pasado mes de Diciembre estrenaba Singularidades de una chica rubia (2008) realizada en su centenario. Junto al cineasta portugués y tras la muerte de Bergman y Antonioni, Rohmer era uno de los escasos ejemplos vivos de la pasión de un cineasta por su oficio.

Rohmer, cuyo nombre es siempre símbolo de la “Nouvelle Vague” y “Cahiers du Cinema”, formaba parte de ese grupo de jóvenes franceses como Truffaut, Godard, Resnais, Rivette o André Bazin que rechazaban el cine como artilugio comercial y cuyos padres intelectuales eran Robert Bresson y Jean Renoir. Rohmer, pertenecía a ese bando de la nueva ola admiradores de Alfred Hitchcock como Claude Chabrol, a quien defendían a ultranza considerándolo su maestro. De Hitchcock adquirió el estilo visual y sentido sugestivo. Sin embargo, el cine de Rohmer bebe mas directamente de las teorias sobre el cinematógrafo de Bresson, de su austeridad escenográfica y dramática.

La búsqueda de lo esencial, como comentaba en la entrevista, era uno de las claves de su cine como pudimos comprobar con Perceval, el Galo (1978) magistralmente fotografiada por Néstor Almendros, donde la puesta en escena la formaban unos decorados minimalistas sacados directamente de iconos medievales. Rohmer ampliaba los iconos manteniendo su esencia pictórica, evadiendo así realismo en favor del relato de ficción histórica. En su cine, lo esencial es el interior tanto en el relato como en la profundidad de sus personajes.


Perceval, El Galo (1978)
Y para ello, Rohmer se sirve del color y de diálogos esenciales, algo que se atribuye a muchos autores pero que sólo unos pocos utilizaron con maestría. Tal es el caso de Ingmar Bergman, Pedro Almodóvar o Michelangelo Antonioni, con quienes Rohmer tiene muchas similitudes no tan sólo en la puesta en escena sino en su obsesión por descripción intelectual de sus personajes, de sus dilemas morales y relaciones personales. Al igual que Rohmer, Antonioni, por ejemplo, enfatizaba lo artificial de la puesta de escena de algunas de sus películas, llegando a pintar sobre escenarios naturales como en El Desierto Rojo (1964), para describir el estado psicológico y moral de sus protagonistas. Rohmer, como Antonioni, exploraba los secretos de las relaciones personales y románticas en sus películas, si bien no tan sofisticadamente como el cineasta de Ferrara, sino mas bien con un estilo pictórico en servicio del relato de ficción con una puesta en escena sugerente y barroca.

La rodilla de Claire (1970)
Enamorado de la juventud, de sus secretos, obsesiones y pasiones, Rohmer describió como nadie sus relaciones amorosas y su despertar intelectual.
En su interminable búsqueda de la esencia del arte cinematográfico nos deja otras joyas como La rodilla de Claire (1970), Mi noche con Maud (1969), La coleccionista (1968), Pauline en la Playa (1983), El Rayo verde (1986), Cuento de Primavera (1990), dentro de sus series de Cuentos morales, Comedias y proverbios o Las cuatro estaciones .
Javier Ballesteros

FURIA de Fritz Lang, 1936

“El odio es la venganza del cobarde.”
George Bernard Shaw

Odio, venganza, cobardes… Durante este mes de Enero tendremos la ocasión de estudiar con más profundidad el origen de estos y otros temas en un nuevo ciclo temático dedicado a dos de los temas mas revisados en La Filmoteca: la violencia y la condición humana. Anteriormente, en pasadas ediciones, se proyectaron dos ciclos temáticos: Individuo y sociedad” (M el vampiro de Düserldorf, Fritz Lang 1931, El gran carnaval, Billy Wilder 1951 y Taxi Driver, Martin Scorsese 1976) en Abril del 2008 y “Violencia y condición humana” (Perros de Paja, Sam Peckinpah 1971, La Naranja Mecánica, Stanley Kubrick 1971, Una historia de violencia, David Cronenberg 2005 e Irreversible, Gaspar Noé 2002) en Octubre de 2008, cuyo nexo de unión bien podría ser este nuevo ciclo “Odio en la multitud”. Durante aquel ciclo, de Mayo de 2008, “Individuo y sociedad”, pudimos observar como se comporta un individuo frente a una masa incontrolable, como en el caso del personaje de Peter Lorre en la magnífica M, el vampiro de Düsserldorf (1931) de Fritz Lang o en la genial interpretación de Kirk Douglas en El gran Carnaval (1951) de Billy Wilder. En ambos films, estos diferentes perfiles, pero únicos individuos, generan y sufren una masa social incontrolable y feroz. Es en la película de Lang, muy cercana en el tiempo y en su fondo a la película de hoy, Furia, donde el tema de la justicia y el linchamiento son enfocados desde una nueva y critica visión sobre los más bajos instintos humanos. El personaje de Lorre y su enfermedad quedan aparcados hacia el final del film para mostrarnos el odio hacia un individuo en particular y su juicio paralelo a la ley. Sin embargo, y a diferencia de la posterior Furia, los violentos son criminales y el inculpado un enfermo mental. Todo ello muy acorde con la atormentada situación social en la Alemania de los 30 con sus miedos y advenimientos.

A principios de 1936 Fritz Lang aterrizaba en los Estados Unidos procedente de Francia donde había rodado una interesante película, Lilliom, el año anterior. En ella, y como ya venía haciendo desde Alemania, el Juicio Final era mas que evidente, explícito.
La obsesión de Fritz Lang por la redención del ser humano y por el dilema abierto a debate sobre la democracia y la ley tuvo en el reflejo de la sociedad americana el deseado objeto del cineasta para su estudio sobre la condición humana, la violencia y la justicia, sobre todo la justicia americana y sus agujeros legales.

Anteriormente en Alemania, Lang, siempre consecuente con la corriente expresionista que el mismo había ayudado a crear unido a su exmujer y guionista de la UFA Thea Von Harbou, había explorado temas sociales y advertido sobre el peligro de las corrientes de odio en masa generadas por individuos enfermos. Películas como Metrópolis, El Doctor Mabuse y, sobre todo, su magnífica continuación El testamento del Doctor Mabuse en 1933. En esta última, la evidencia de la advertencia del peligro fue demasiado explícita para el gobierno Alemán, y tras invitar a Lang a controlar la producción cinematográfica de la UFA bajo las órdenes del propio Goebbels y obtener el rechazo de éste, optó por la censura de la película. Amenazado, Lang huyó de su tierra natal como otros muchos colegas de profesión hacia los Estados Unidos.

Furia es un retrato de la sociedad americana de un recién llegado cineasta alemán que no comprende como una sociedad tan avanzada en otros registros no es capaz de controlar a los suyos, y al mismo tiempo es una advertencia sobre lo ya vivido por él en Alemania y que en los Estados Unidos tendría unas consecuencias muchísimo mas terribles. Lang busca desesperadamente con estos primeros films en América muestras de cordura social, huyendo de lo enfermizo y denunciando el germen de lo incontrolable.

Lang, que duda sobre la razón de los hombres tras llegar a America, considera que el sistema judicial americano debe ser revisado, puesto que es el único salvador de la sociedad americana y global. Mientras tanto, en Alemania todo esto se ha perdido, los valores y la justicia. Nadie mejor que Lang para advertir sobre defectos en el sistema y sus posibles consecuencias.

Afortunadamente, la ansiedad de Lang tiene consuelo en una sociedad cuyos héroes son los inocentes; no tanto los superhombres germánicos de la Alemania de la que proviene. Los héroes americanos, comúnmente los John Doe o Juan Nadie, son personajes que revitalizan el sueño americano. Aquellos que parten sin tener prácticamente nada, consiguiendo popularidad y respeto. Para ello, y regidos por la fuerte moral de la sociedad americana, deben ser prácticamente puros; totalmente inocentes. Con ello, la sociedad americana se distancia de la Alemana, donde se venera al más fuerte, al superhombre, inocente o culpable, cuerdo o enfermo.


Es la propia moral americana la que los salva de un sistema judicial defectuoso. Esto, Fritz Lang lo entiende y lo aprueba como podemos ver en el juicio final de Furia, donde la presión de su novia, estandarte de la moral americana, consigue redimir a un descontrolado Joe Wilson, magistralmente interpretado por Spencer Tracy, quien intenta tomar provecho del débil sistema democrático.


En Furia tenemos al mejor Lang, emocionado y esperanzado a su llegada a los estudios americanos, ansioso por obtener una libertad creativa prometida, similar a la que ya llegó a tener en la UFA. Consciente de ser parte de la industria cinematográfica mas importante del mundo, pronto se verá, como muchos otros grandes autores, censurado o limitado por sus propios anfitriones, siempre temerosos de contenidos.

De esta forma, Furia, como parte de la primera etapa de Lang en America, nos muestra lo mejor del cineasta Alemán. Y lo hace a modo de cine negro, un término acuñado mas tarde por los críticos para etiquetar al cine de género de los años 40 protagonizados por personajes atormentados, de moralidad ambigua, argumentos criminales, con su erotismo y su estilo visual barroco. Lang fue uno de los padres del género  y realizó varias películas que abordaban lo mejor del cine negro americano. Sin duda, la mayor influencia del cine negro americano fueron las películas expresionistas con sus pesadillas, temores, estética visual con esos claroscuros. Por ello, no es de extrañar que los mayores genios del género fueran expatriados alemanes como Billy Wilder o Edgar G. Ulmer.

Pero antes de la explosión del cine negro, con todos sus clichés, hubo un punto intermedio en el cine americano, a medio camino entre expresionismo y realismo, donde se crearon auténticas obras maestras en los 30 como es el caso de Furia.
En Furia no hay voz en off; no hay mujeres fatales ni un pasado tormentoso. Sin embargo, contiene los mejores elementos del cine negro americano para reafirmar su realismo y vigencia. En una escena memorable, el personaje interpretado Spencer Tracy mira a cámara, a los espectadores, respondiendo las preguntas de sus propios hermanos sobre la Ley, la justicia, la venganza y la violencia para, al término de plano, volverse a ellos. Un recurso extraño por la subjetividad del personaje. Evidentemente, Lang quería ser directo al espectador a toda costa. En este caso, a través del lenguaje cinematográfico, con un recurso muy poco habitual en la época, que volvería a repetir al final del film, y que tan sólo cineastas como Chaplin en El Gran Dictador se atrevían a utilizar para expresar un mensaje más que importante.

Furia es un film que ha ganado virtudes en el tiempo por su crítica, marcada especialmente por el año de realización. Un año, 1936, que los españoles recordamos amargamente como el inicio de la Guerra Civil Española y la inminente Segunda Guerra Mundial. Mientras eso ocurría, Fritz Lang advertía del peligro de lo incontrolable.

Y es que generar violencia es como encender una mecha… sólo hay que esperar a que estalle.

Javier Ballesteros

Otro artículo sobre Furia pinchando
aquí.

--------------------------


Ninotchka y la guerra



Últimamente nos estamos cansando de escuchar aquello de que la realidad supera a la ficción. Cuando en 1939 Lubitsch y Wilder escribieron Ninotchka, aparentemente una comedia romántica con tintes de sátira política, no supondrían que la realidad inmediata imitaría a la película casi como un calco.

Ninotchka, una convencida comunista al servicio del régimen ruso, y el Conde León d’Algout, un aristócrata de la capitalista Francia y amante de la duquesa rusa Swana, se enemistan en torno a unas joyas que fueron requisadas a esta última durante la revolución rusa. Sin embargo, el conde León conquista a Ninotchka y ambos acaban peleando contra los chantajes que sufren por parte de la Duquesa. Se lo diré cáusticamente: una parte rompe una alianza con otra parte para unirse a otra tercera parte teóricamente antagónica. El capitalismo y el comunismo unidos, seducidos, amantes.



En la película hay variedad de gags sobre ambos bandos ideológicos. El estilo de vida cómodo se antoja irresistible para tres bolcheviques que descubren los lujos de un hotel de Paris; los mismos tres bolcheviques que, secreta y definitivamente se convierten al capitalismo más feroz, expulsando de los negocios a un camarada. Un mayordomo prefiere seguir siendo sirviente a que le toquen sus ahorros. Una mujer que hace a la ligera el saludo nazi. Hasta el duque comienza tiene amaneramientos socialistas. Todos estos gags y acercamientos ideológicos no sólo parodian las respectivas ideologías, sino que también hablan de la condición humana de cada uno de los personajes. Pero dejando de lado estos momentos y volviendo a la sinopsis antes descrita, la línea de la película parece predecir nada más y nada menos que la II Guerra Mundial.

El planteamiento se repite: una parte rompe con otra para aliarse con una tercera. Comunistas y nazis rompieron su pacto de no agresión y los primeros fueron a juntarse con los capitalistas por intereses comunes. Lubitsch y Wilder escribieron el delicioso guión de Ninotchka como una crítica política multidireccional disfrazada de comedia romántica. Y mucho se ha dicho que la seducción y el amor son como juegos de guerra, pero seguro que ninguno de los dos cineastas se esperaban que la realidad hiciera una imitación sui generis del romance de su obra. De hecho, el pacto de no agresión entre comunistas y nazis, el Molotov – Von Ribbentrop, se firmó el mismo año del estreno de la película, por lo que en todo caso la relación entre comunistas y capitalistas de Ninotchka pretendía acercarse más a la fábula que a la probabilidad. Pero ya sabemos qué acabó pasando.

Quizás por eso, la introducción que se hace al inicio de la película en la que se asegura que toda la trama está pensada y ubicada antes del comienzo de ningún tipo de enfrentamiento, se torna curiosa, incluso irónica. Dejando aparte los tintes satíricos, Lubitsch y Wilder escribieron una pequeña y simpática guerra política, pero amorosa, de fantasía, pero los poderes de ambos mundos se encargaron de imitar el cuento de hadas para convertirlo en la época más escalofriante de nuestra historia reciente.

Y ya que estamos aquí para hablar de cine, terminaré recomendándoles encarecidamente el visionado de Ninotchka y se lo voy a justificar con un único argumento que también utilizaron los publicistas de la película: ver reír a la Garbo proporciona millones de endorfinas.
-------------------------
Otros artículos relacionados: