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PRÓXIMO CICLO: "HISTORIA DE LA URSS"

lunes, 24 de enero de 2011

Teléfono Rojo, Volamos hacia Moscú de Stanley Kubrick


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano

“Las grandes naciones han actuado siempre como gángsters, y las pequeñas como prostitutas."

Stanley Kubrick,
A la revista “Guardian”, 5 de Junio
de 1963.


   Meses antes del asesinato de John F. Kennedy, ocurrido el 22 de Noviembre de 1963, Stanley Kubrick mostraba en sus declaraciones a la revista británica “Guardian”, cierto escepticismo respecto a los movimientos políticos que se sucedían en ese momento histórico en el mundo, especialmente con respecto a la política norteamericana y soviética, tras la reciente “crisis de los misiles de Cuba” en el apogeo de la Guerra Fría. Con esta crisis nacería el nuevo periodo de “distensión”, cuyo “teléfono rojo” –en realidad blanco, siendo el color rojo simplemente aplicado como referencia cualitativa de la “Línea caliente” (Hot Line) marcaba la línea directa entre el Kremlin y la Casa Blanca en caso de crisis.

     Kubrick, que nunca pareció sorprenderse de los movimientos en falso de las grandes naciones en los años más críticos de alarma colectiva, ya se dejaba notar en el movedizo terreno político de aquel año; se hallaba inmerso en la producción de la que sería la mejor sátira política de la Guerra Fría en la Historia del Cine, y que parodiaría inteligentemente ese periodo de “distensión” política con una cínica visión sobre la temida irresponsabilidad en el uso de armas nucleares.

Cartelería internacional



     Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb; con este genial e irónico título original, -algo ridículamente traducido en España como Teléfono Rojo. Volamos hacia Moscú, y bastante mejor en Latinoamérica como Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba-, Kubrick producía, escribía y dirigía su nueva película tras la también controvertida Lolita (1962), estrenada el año anterior, en la primera colaboración con el británico Peter Sellers. Era su tercera inmersión en el contexto bélico, desde Fear and Desire (1953) y Senderos de gloria (Paths of Glory, 1957), si bien, en Teléfono rojo se ajusta más a un contexto político que a lo ocurrido en las trincheras propiamente.

     Sin embargo, en Teléfono rojo es evidente la experiencia del cineasta norteamericano filmando escenas de acción bélicas y contiene algunas de las secuencias más logradas e innovadoras del momento, incluso casi documentales –algo muy propio de Kubrick, tal vez el mejor documentalista de ficción bélica de la Historia-, con cámara en mano e iluminación natural. Más tarde, en La chaqueta metálica (Full Metal Jacket, 1987), Kubrick haría gala de todo su arsenal técnico heredado de sus primeras películas, de su maestría fotográfica y su excelente olfato para la sátira política en estados bélicos.



     Desde finales de los años 50, Stanley Kubrick comienza a desarrollar la idea germinal de Teléfono Rojo, hasta finalmente realizar la película en 1963. Durante todo ese tiempo, Kubrick siempre se mostró preocupado ante la posibilidad de un holocausto nuclear, y antes terminar el rodaje de Lolita comenzó a desarrollar la idea de lo que sería su siguiente largometraje. En ese intervalo, Kubrick, lee más de 50 novelas sobre la Guerra nuclear hasta hacerse con un ejemplar de la novela de Peter George, “Red Alert”, que impacta a Kubrick, dada la asombrosa semejanza con sus teorías sobre la irresponsabilidad militar en el recaudo del armamento nuclear tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. La idea inicial, tras finalmente elegir la novela de Peter George para adaptar su guión, era concebir un guión dramático, basado en la realidad del momento histórico. Tras pagar los 3.500 dólares por los derechos de adaptación de la novela, comienza la elaboración del guión literario junto al propio Peter George, asistidos por el economista y profesor de asuntos exteriores, seguridad nacional y estrategia nuclear, Thomas Schelling, futuro premio Nobel de Economía en el año 2005.

     Como es sabido, las intenciones originarias de Kubrick eran las de adaptar el tono dramático de la novela de George, seriamente, con un “thriller” sobre el periodo más tenso de la Guerra Fría. Sin embargo, como el propio Kubrick explicaría más tarde, tras la superficie del drama adaptado, emergía un latente tono cómico en numerosas escenas, al imaginar el escenario de las secuencias más comprometidas, en los momentos de relajación de la escritura del guión, hasta que finalmente contemplaron la posibilidad de girar completamente el tono del mismo hacia este otro guión surgido espontáneamente, con un estratégico virado hacia la sátira política, mucho más flexible con la temática, más arriesgada y, sin embargo, incluso más eficaz. Kubrick lo explicaba así:
“Mi idea de hacerlo como un mal sueño cómico, llegó a las pocas semanas de trabajar en la escritura del guión adaptado. Descubrí que al intentar poner más carne en el asador, e imaginar las escenas completamente, me veía obligado a descartar situaciones que eran absurdas o paradójicas, para mantenerlo alejado de parecer gracioso. Y, sin embargo, estas situaciones parecían estar más cerca del corazón mismo de las escenas en cuestión.”

     Para el desarrollo del nuevo guión en clave de comedia, Kubrick, contrató los servicios del novelista Terry Southern, tras leer una de sus novelas, “The Magic Christian”. Y es que tras el nuevo telón de la comedia sarcástica, se debía esconder una sofisticada y rigurosa estructura con buena base militar y científica, que con los años ha ganado tantas carcajadas como respeto por la terrorífica cercanía con la que retrataba el contexto histórico. A llegado al punto de ser estudiada por varios científicos estrategas americanos basándose, según ellos, en una gran credibilidad del relato y afirmando, alguno de ellos, que todo lo que hay que saber sobre estrategia nuclear se puede aprender de Dr.Strangelove; evidentemente, es una afirmación cargada de ironía, aunque da muestras del respeto ganado por dicho gremio.

     Desde los freudianos títulos de crédito iniciales diseñados por Pablo Ferro, donde dos aeronaves aparecen copulando en pleno vuelo, Teléfono rojo presenta su sátira demoledora sobre cualquier elemento militar y político implicado en el conflicto nuclear en tiempos de distensión de la Guerra Fría, con una evidente declaración de intenciones por parte de Kubrick y su equipo de guionistas; lo que veremos a continuación puede tan sólo ser un mal sueño freudiano en clave de comedia, como metáfora del conflicto, y sin embargo, es terriblemente posible.

Stanley Kubrick durante el rodaje de Teléfono Rojo


     Tanto el argumento base de Teléfono rojo, como el de “Red Alert”, la novela original, así como la película paralela basada en la misma novela, -que rodaba Sydney Lumet con Henry Fonda, Punto Límite (Fail Safe ,1964), y finalmente estrenada más tarde ante el litigio presentado por Kubrick y la productora Columbia Pictures-, era tan sencillo como demoledor:
Un comandante de la fuerza aérea norteamericana inicia un plan de ataque nuclear, negligente a su Gobierno y Presidente, mediante los bombarderos B-52s que se hallan bajo su responsabilidad en el punto límite aéreo con la Unión Soviética a la espera de la posible orden de ataque, que desata una desesperada cadena de acontecimientos para solventar el error humano que puede significar el Apocalipsis. Sin embargo, y pese a estar el propio Presidente norteamericano en línea directa mediante el llamado “teléfono rojo”, con el primer ministro soviético, y conseguir descifrar el código que permita frenar la orden del irresponsable comandante, uno de los bombarderos sobrepasará el punto límite descargando la temida munición, y despertando el complejo sistema de defensa soviético antinuclear, que significará en tan sólo dos horas, el fin de la Humanidad.

     En el caso de Teléfono rojo, Kubrick da rienda suelta a todo su arsenal sarcástico transmutando todo tipo de situaciones y personajes implicados, enfatizando al máximo las sobreinterpretaciones de los actores principales; todos, absolutamente soberbios.



     El argumento definitivo cuenta como el General de la Fuerzas aéreas estadounidenses, Jack D. Ripper (Sterling Hayden)- pronunciado “Jack the Ripper” (Jack el Destripador)-, aturdido por ideas paranoides sobre una conspiración comunista para la fluorización del agua potable, que contaminaría así los “preciados fluidos corporales” de los norteamericanos, toma la decisión de desobedecer sus obligaciones en la custodia de las armas nucleares en el interior de los bombarderos B’52s que permanecen en el punto límite de la frontera aérea con la Unión Soviética. Tras tomar el General Ripper la justicia por su mano al ordenar el ataque nuclear, se accede así al primer nivel desencadenante del llamado “dispositivo del día del juicio final”, el apocalíptico sistema de defensa antinuclear soviético, activado automáticamente tras detectar un ataque nuclear en territorio de la Unión Soviética.

     En este escenario, la base de las fuerzas aéreas de Burpleson, un servicial Capitán británico de la Real Fuerza Aérea (RAF) en servicio de intercambio, Lionel Mandrake (Peter Sellers), descubre tras escuchar las paranoicas historias del General, que la orden dada por éste no era especialmente como represalia a un primer ataque soviético, sugestionándole desesperadamente la confianza del código secreto que neutralice la orden de ataque.

     Mientras tanto, en la “Sala de Guerra” del Pentágono –escenario inexistente en la realidad, pero tan convincente en la película que causó gran controversia–, el General “Buck” Turdigson (George C. Scott) informa al Presidente de los Estados Unidos, Merkin Muffley (de nuevo, Peter Sellers),- único personaje serio de todo el film-, del ataque, y de que al parecer, el General Ripper había tomado ventaja de un alocado plan de contingencias en tiempos de Guerra, el “Wing Attack Plan R”, que daba autoridad a los comandantes de Tierra para una réplica nuclear ante un supuesto ataque soviético sobre Washington que incapacitara al Presidente para actuar, firmado por el propio Presidente Muffley.

     Turdigson, intenta persuadir al propio Presidente para aprovechar el momento atacando en masa a los soviéticos, tras ordenar éste forzar a Ripper a revelar el código secreto; código que finalmente descubrirá el Capitán Mandrake, más tarde, sorprendentemente tras unos infantiles esbozos del General. Muffley reclama al embajador soviético en la “Sala de Guerra”, Alexei de Sadeski (Peter Bull) para ponerle en contacto mediante el “teléfono rojo” con el Primer Ministro Soviético, Dimitri Kisov, en una de las secuencias más memorables de la película, con otra genial improvisación de Peter Sellers.



     Sin embargo, la información dada a los soviéticos para neutralizar a los bombarderos y el desciframiento de la clave secreta de Ripper no consigue frenar a uno de los bombarderos, denominado “La Colonia del Leproso”, que ha perdido toda comunicación. Comandado por el mayor T.J. “King” Kong (Slim Pickens), -un auténtico tejano en la ficción y en la vida real-, el B-52 consigue alcanzar su objetivo y finalmente deja caer la bomba, montada en pleno orgasmo nuclear por el propio mayor Kong.

     Activado el temido “dispositivo del día del juicio final”, el siniestro Dr.Strangelove (tercer papel de un histriónico Peter Sellers), un inquietante personaje postrado en una silla de ruedas con una anárquica mano derecha, recomienda al Presidente Muffley a pensar en la repoblación humana en una mina de 1.000 metros de profundidad, durante más de 100 años, mediante un escabroso proceso de regeneración humana con referencias nazistas.

     Tras levantarse victoriosa y milagrosamente el Dr. Strangelove al grito de “Mein Führer!, I can walk!”, comienza el bombardeo apocalíptico del día del juicio final en la última secuencia del film; sincronizada secuencia musical al ritmo del tema “We´ll meet again” interpretado por Vera Lynn.



     Mención aparte merecen las geniales interpretaciones de todo el reparto, destacando evidentemente el trabajo de Peter Sellers, con 3 roles muy diferentes, incluso en acentos, en la mejor interpretación de su carrera con una nominación al Oscar. Sellers, que inicialmente comenzó interpretando 4 papeles, incluido el del mayor Kong, sufrió un accidente en la cabina del avión y tuvo que ser reemplazado por el tejano Slim Pickens, un tejano real que prácticamente no tuvo que interpretar su papel. George C. Scout firma de manera impecable su primera incursión en la comedia en el papel del inmaduro General Turdigson, pese a que criticó posteriormente la acitud de Kubrick, que, según él, le forzó a sobreactuar para finalmente desvirtuar su interpretación en un papel burlesco. Por su parte, Sterling Hayden aceptó la llamada de Kubrick tras varios años alejado de la interpretación, y finalmente bordando su rol como el paranoico General Ripper.

     Cabe destacar, que el final original, con una alocada secuencia conocida como “la guerra de las tartas”, donde todos los presentes en la “Sala de Guerra” enloquecían ante el Apocalipsis, se eliminó, probablemente tras el corte final después del asesinato de Kennedy.

     Kubrick, que produjo la película completamente en el Reino Unido, huyendo del “Código Hays” y la más que probable censura del film, tuvo que volver a editar un diálogo que hacia referencia a la ciudad de Dallas, tras el asesinato de Kennedy, justo en las postrimerías del estreno, que tuvo que ser cancelado, retrasándose el mismo hasta el 29 de Enero de 1964.

     Teléfono Rojo.Volamos hacia Moscú es hoy considerada una de las mejores sátiras políticas de la Historia del Cine, y nos recuerda que ninguna situación histórica, por más crítica que sea, escapa al poder de la sátira y la comedia.

Javier Ballesteros
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Bonus 1.
Humor.

Bonus 2.
Imágenes diversas.

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