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lunes, 7 de marzo de 2016

Él de Luis Buñuel


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«Seguramente existe un matiz vitriólico en las películas de Buñuel en México que surge de forma casi espontánea al combinar las convenciones del cine mexicano con la mirada socarrona del de Calanda. Este cóctel destila una mezcla de inquietud y sorna, la que nos traslada el rostro amable de galán de Arturo de Córdova transfigurado en el esquizoide marido de Él

Jordi Sánchez Navas (“Mirando a través del cañón: distancia, contexto y recepción de las películas mexicanas de Buñuel” en ¿Cine de autor?: revisión del concepto de autoría cinematográfica. John D. Sanderson / Universidad de Alicante. Alicante, 2005, 51-52.)


Rodada en 1952, en tan sólo tres semanas, y estrenada en 1953, Él significó, sin embargo, una de las obras más notables de las 21 películas realizadas por Luis Buñuel en tierras mexicanas. En alguna ocasión, Buñuel indicó, incluso, que Él era una de las películas preferidas de toda su carrera cinematográfica.

Basada libremente en la novela homónima publicada en 1926 por la escritora canaria Mercedes Pinto, Él pertenece a la faceta personal del cineasta aragonés en México. Anteriormente, tras aterrizar en México en 1946, Buñuel ya había realizado varias obras que él mismo calificó como "alimenticias", cuyo único propósito era el de sobrevivir en la industria cinematográfica mexicana: "Mis películas –anota Max Aub en sus Diarios en abril de 1948– son mi trabajo remunerado, mis zapatos, mis motores, etcétera". Ya en 1950 con Los olvidados, Buñuel comenzaría una faceta puramente personal que combinaba —tal y como afirma Jordi Sánchez Navas en la cita inicial— las convenciones del cine mexicano con la mirada socarrona del de Calanda.

Él retrata la vida de Don Francisco Galván de Montemayor, un ser paranoico, esquizoide, cuyos celos patológicos lo derivarán al ostracismo social, a pesar de partir con la ventaja de su herencia aristócrata, en el contexto histórico de una sociedad mexicana que se soportaba sobre cimientos clasistas y machistas, y que favorecía el progreso de los hombres de su posición. Es, precisamente, este paroxismo latente en toda la película, tanto en la descripción que hace Buñuel de Don Francisco, como de la sociedad mexicana en los 50, lo que le permite a Buñuel dar rienda suelta a su particular mirada burlesca sobre todos y cada uno de los personajes que aparecen en la película. Al igual que sucediera con Los olvidados, y más tarde con otras películas como Ensayo de un crimen (1955) o Viridiana (1961), en Él Buñuel retrata una sociedad culpable de sedimentar la estratificación social, sin vistas al progreso. Todo parece indicar que Don Francisco es producto de su propio contexto histórico, en una sociedad cuyas líneas rojas parecen reservadas únicamente a casos tan exacerbados como el de Don Francisco.


Cartelería internacional de Él.


Ya en la primera secuencia de Él se presenta a Don Francisco Galván, interpretado por Arturo de Córdova, uno de los actores protagonistas de la llamada "Edad de Oro del Cine Mexicano" en su única colaboración con Luis Buñuel. Don Francisco es un rico aristócrata y empresario mexicano, quien se enamora instantáneamente de Gloria, tras observarla —cómo no, desde los pies a la cabeza— en una celebración eclesiástica del Jueves Santo. A pesar de que Gloria ya mantiene una relación con otro hombre, Raúl, Don Francisco no parará en su incipiente obsesión compulsiva por persuadir a Gloria de que deje a Raúl y se case con él. Más tarde, Gloria, embriagada de la buena conducta, seguridad en sí mismo y posición social de Don Francisco, accederá a dicho propósito, tras asistir a una cena privada organizada por el propio Don Francisco. Buñuel describe en este primer acto de la película, por un lado, la ingenuidad de Gloria, incapaz de ver en los actos de Don Francisco las primeras muestras de su posesividad patológica; al mismo tiempo, Buñuel incide en la condescendencia del resto de personajes que rodean a Don Francisco sobre sus caprichos y altura de miras, quienes, de algún modo, lo exaltan como paradigma del hombre recto y virtuoso.

Lo que Buñuel relata a continuación es, precisamente, la pasividad de la sociedad mexicana de los 50 —extrapolable históricamente a otras como la española— ante un claro caso de maltrato marital. A pesar de mostrar signos de una paranoia celosa y posesiva, claramente patológica, nadie somete a Don Francisco a un juicio de valor desfavorable, prevaleciendo su actitud religiosa y posición social por encima de cualquier ataque de ira, a los que califican de puntuales, y que, por otra parte, adoptan como "normales" en cualquier hombre de su posición.

A partir del "sí quiero" de Gloria a Don Francisco, el relato da un giro de 180 grados para que el espectador comparta bajo el punto de vista de Gloria las continuas vejaciones a las que es sometida en su matrimonio, bajo el amparo y consentimiento de todos los que rodean a la pareja, incluida la propia madre de Gloria o el Padre Velasco, quienes justifican la actitud de Don Francisco ante el asombro e impotencia de Gloria. Buñuel no escatima en ejemplos para mostrar la progresión de la enfermedad paranoide de Don Francisco, que tiene su punto más álgido cuando pretende mutilar genitalmente a su esposa.


Don Francisco Galván de Montemayor, el paranoico y esquizoide celotípico protagonista de Él, interpretado por Arturo de Córdova.


Sin embargo, no serán las vejaciones y maltratos continuos a su mujer los motivos que determinen el rechazo a Don Francisco por parte de los que lo rodean, sino su agresión al Padre Velasco en otro ataque de locura, en una de las secuencias más recordadas de la película. De este modo, Buñuel marca los límites de la actitud paranoide de Don Francisco en su desesperada agresión a uno de los pilares sagrados de la sociedad, la Iglesia, siendo esta la única que puede dictaminar la "desviación" de un hombre recto como Don Francisco, confirmando que es un enfermo mental y relegándolo a un monasterio de clausura.

Buñuel declaró en varias ocasiones su empatía con el personaje de Don Francisco, el celoso compulsivo protagonista de Él, llegando a afirmar en su libro de memorias Mi último suspiro (1982) que probablemente era la película que mejor lo retrataba a sí mismo: "Quizá es la película dónde más he puesto yo, hay algo de mí en el protagonista". También la viuda de Buñuel, Jeanne Rucar —casada con Buñuel durante 50 años— declaró en su autobiografía Memorias de una mujer sin piano (1990) que su marido fue un hombre extremadamente celoso y posesivo. De tal modo se veía reflejado Buñuel en Don Francisco que durante el rodaje dirigió la interpretación de Arturo de Córdova —por otra parte, sublime—, acorde a sus tics y manías personales, como la de los andares zigzagueantes de Don Francisco. Como dato curioso, cabe señalar que no sería Arturo de Córdova sino el propio Buñuel —apasionado de los disfraces— quien interpretaría a Don Francisco en el último plano de la película, deambulando en zigzag de espaldas al espectador.

Él es una de las películas más estudiadas y exhibidas por psiquiatras de todo el mundo, desde su estreno hasta hoy día, para mostrar el avance de la celotipia compulsiva y paranoide, propia de un maltratador. Luis Buñuel afirmó sobre el personaje de Don Francisco Galván que lo diseccionó "como a un insecto" —como buen entomólogo que era—, para mostrar todos los ángulos posibles de su patología. Uno de los primeros en interesarse por la película para mostrarla a sus alumnos fue el famoso psiquiatra y psicoanalista francés Jacques Lacan, quien afirmó al respecto que "si queríamos saber, y aprender mucho, acerca de la paranoia debíamos ver la película Él de Buñuel".


A partir del "sí quiero" de Gloria (Delia Garcés) a Don Francisco, el relato dará un giro de 180 grados para que el espectador comparta bajo el punto de vista de Gloria las continuas vejaciones a las que es sometida en su matrimonio.


Por otra parte, Él es una de las películas de Buñuel que más ha influido en cineastas de todo el mundo. Uno de los ejemplos más claros es el de Alfred Hitchcock, quien afirmó en varias ocasiones su devoción por la filmografía Luis Buñuel. Tan solo cinco años después del estreno de Él, Hitchcock presentaría la que es considerada por muchos como su obra maestra, Vértigo (Vertigo, 1958), una película con muchas similitudes en el relato con Él, desde el retrato de la obsesión compulsiva de su protagonista por una joven de procedencia hispana. Sin embargo, la muestra más explícita de la influencia de Él en Vértigo se puede observar en la secuencia de la torre del campanario, en la que Hitchcock parecía homenajear una secuencia muy similar mostrada en Él.

Él es una de las películas clave del genio de Calanda, repleta de todos los elementos y fetichismos característicos del universo "buñueliano". Una obra cumbre del cine mexicano y probablemente, la mejor película sobre la celotipia en los hombres. Una perfecta descripción del perfil de un maltratador que, desgraciadamente, continua vigente en nuestros días.



Javier Ballesteros



Vídeo introductorio a Él
por Javier Ballesteros.










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