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jueves, 30 de mayo de 2013

Más poderoso que la vida de Nicholas Ray.

Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.


“Ya no es como antes, actúa como si fuera un gran hombre… parece más grande”
Wally Gibbs, personaje interpretado por Walter Matthau.
“Son aburridos” “¿Qué son qué?” “Aburridos…como nosotros” “¿Qué has dicho?” “Como nosotros. Como tú y como yo. Admitámoslo, somos sosos” “¿Sabes de alguien que no lo sea?
Conversación entre Ed y Lou Avery.

    Encuadrada dentro de nuestro ciclo sobre adicciones, Más poderoso que la vida (Bigger than life,  1956), es mucho más que la simple descripción de los efectos de una droga experimental sobre el protagonista y su familia. Es una obra que deja ver entre sus planos el estado personal y la maestría de su director, Nicholas Ray, siendo pieza clave de su filmografía por su significado personal y crítico.
Nicholas Ray llegó tarde al mundo del cine, con 36 años rodó Los amantes de la noche (They live by night, 1947) su primera y más personal película, pero albergaba entre sus conocimientos una sobrada experiencia en el mundo del espectáculo. De la mano de influyentes amigos aprendió arquitectura, formó parte de vanguardistas movimientos teatrales, trabajó en la radio difundiendo la música popular americana y se introdujo de la mano de Elia Kazan en el mundo del cine siendo su ayudante de dirección en Lazos Humanos (A three grows in Broklin, 1945). Nombres como Frank Lloyd Wright, Joseph Losey o John Houseman1, unidos al del propio Kazan, le sirvieron de trampolín para establecerse como uno de los más pujantes directores.

Pese a todo, su turbulenta vida personal y emocional le hicieron un ser profundamente vulnerable, temeroso de sus propios sentimientos y alienado de los demás. Siendo un profesional capaz de realizar el más complicado de los trabajos y salvarlos con solvencia, era incapaz de no imprimir su sello en todo lo que tocaba, lo que le hacía especialmente problemático a las condiciones de sus contratos y al trato con el resto de sus colaboradores, en especial con guionistas y productores, que veían como se alteraban los proyectos en pos de una dirección más intimista, lírica y poética. Su carácter y personalidad le hicieron ser diferente a los demás. Sufrió e hizo sufrir por igual. El padre fue un alcohólico empedernido y días antes de su muerte, un joven Nick tuvo que recogerlo completamente borracho de un hotel en el que había sido abandonado por su amante. Este hecho le marcó profundamente y puede verse en las configuraciones familiares de sus películas, en las que el sistema habitual de padre-madre-hijos no es sinónimo de estabilidad. De ideales de izquierda, tuvo que lidiar con el Macartismo y gracias a su influyente protector, Howard Hughes, se libró de las cazas de brujas y de asistir a interrogatorios públicos, lo que no le evitó ser investigado por parte del FBI en cuyo informe se destacaba que era propietario de literatura socialista y disfrutaba de amistades en las comunidades afroamericanas y homosexuales. Se casó hasta 4 veces, la más sonada de sus bodas fue con la actriz Gloria Grahame, la cual contrajo matrimonio años más tarde con el hijo que tenía Nicholas Ray de su primera esposa. Uno de sus máximos impulsores,  el productor John Houseman escribía sobre él:
    
“Criado en Wisconsin en un hogar dominado por las mujeres, era un homosexual en potencia con una necesidad profunda, apasionada y constante de amor por parte de las mujeres a lo largo de su vida. Esto le hizo atractivo para las mujeres, que intentaron salvarlo de sus hábitos autodestructivos y de las cuales Ray se aprovechaba. Dejó un reguero de vidas dañadas tras él, no como seductor, sino como esposo, amante y padre.”
 
Tan descolocado estaba en su época que sus adicciones al juego, al alcohol y a las drogas lo despojaron de todo crédito laboral. Considerado un genio loco y peligroso, enfadado con una realidad que le oprimía y a la que solamente podía atacar subliminalmente con sus películas fue, poco a poco, defenestrado de la industria al imponerse los vicios sobre la capacidad de tomarse en serio su trabajo de dirigir.

Aun así, Nicholas Ray siempre tuvo éxito  profesional  y económico. Acabó sus días de director siendo uno de los más cotizados, aunque fuera lejos de Hollywood realizando superproducciones de época. Sus últimos rodajes fueron un infierno debido a su inestabilidad y alcoholemia. Cuenta la leyenda que durante el rodaje de 55 días en Pekín (55 days at Peking, 1963) tuvo un sueño del que se desprendió que jamás terminaría una película. Y así fue, un colapso lo envió al hospital y los máximos responsables del film, el productor Samuel Bronston y el actor Chalton Heston, aprovecharon para quitarse de en medio al desnortado director. Un guionista colaborador suyo, Tom Weitzner, declaró lo siguiente con respecto al final del rodaje de 55 días en Pekín:

    “Nick estaba en una situación imposible por lo que a la película concierne, llegaba al set a las 6 de la mañana, reescribía la escena del día siguiente con el guionista. Apenas dormía unas horas cada noche… Siempre fue un hombre que experimentó con todo tipo de medicación; probablemente tomaba toda clase de vitaminas, cualquier cosa para mantenerse despierto. Por supuesto su corazón no pudo resistirlo.”

La mayoría de sus biógrafos apuntan el principio del fin de su carrera a la muerte del actor James Dean. En él, Nicholas Ray,  había encontrado un ser paralelo, un hombre combustible, afín a sus ideales y con una personalidad igual de magnética. Con James Dean, rodó su película de mayor éxito, Rebelde sin causa (Rebel without  a cause, 1955) y de su relación surgieron multitud de proyectos que se quedaron en nada tras el accidente de tráfico que mató al icono de la juventud rebelde por los tiempos de los tiempos.

Más poderoso que la vida es una pieza rara dentro de la filmografía del director, pero que tiene en Rebelde sin causa el mayor de los parecidos. Ambas retratan y critican el modo de vida americano, repleto de inseguridades, represiones y violencia. Una cultura que sobrevalora el éxito económico, la fama y el materialismo, el destino de los perdedores se reserva a las personas que anteponen los sentimientos y la honradez a la ambición,  donde aparecen la hipocresía de la doble moral y la intolerancia de la diferencia. Visión amarga y crítica con la realidad. Otros directores contemporáneos utilizaron el melodrama para crear películas que tuvieron el mismo calado, Douglas Sirk con Sólo el cielo lo sabe (All that´s heaven allows, 1955) y Escrito sobre el cielo (Written on the wind, 1956) o Elia Kazan con Al este del Edén (East of Eden, 1955) son ejemplos contemporáneos del malestar que algunos intelectuales reprobaban a la era del Macartismo y el conservadurismo.

Más poderoso que la vida nos cuenta la historia de Ed Avery, un padre de familia que sufre poliarteritis nodosa, una extraña inflamación de las arterias. Para tratarse de semejante dolencia los médicos le sugieren que debe tomar cortisona2, por aquel entonces un medicamento experimental.   La idea sobre el argumento del guión se le ocurrió a James Mason (actor principal y productor del film) al leer un artículo de prensa. El  consumo de cortisona libera a Ed Avery de la represión de sus deseos y frustraciones. La cortisona lo convierte en un ser psicótico, autoritario e impulsivo, sufriendo tanto estados depresivos como de furor extremo. A través de la descripción de los efectos de un medicamento sobre la psicología de un individuo prácticamente anónimo, se pone en tela de juicio a toda la América acomodada de barrios periféricos, sustentada en los rígidos pilares de la religión y la disciplina, y  secundariamente por el culto a los deportes y la televisión. Contra ésta última se vierten reproches que el protagonista reconocerá en última instancia ser provechosos para manipular a la juventud a través de su novedoso sistema educativo. La cortisona sirve de paliativo a la claudicación que el ambiente infiltra en nuestro protagonista, le sirve de válvula de escape a la presión de clase que le somete a estrecheces económicas y a buscar un segundo empleo. El enjaulamiento de Ed Avery acaba con la liberación que le promete el medicamento. Aunque los parámetros de conducta inhibición-frustración-violencia hayan calado hondo y sea irreversible la solución pacífica entre el amaestrado Ed y el nuevo y superior a los demás Ed Avery. El propio Nicholas Ray habla así sobre su película: 

   “Es la historia de un hombre que toma una droga para evadirse de las realidades de su vida cotidiana y vivir en un mundo de alucinación que le hace sentirse superior y por encima de todo, por encima de las necesidades económicas de su familia que antes tanto le preocupaban y por encima de los sucesos vulgares de la vida. Por eso le es tan necesario como atractivo tomar una píldora cada vez que se siente deprimido o nota que está volviendo a la realidad. En él se dan una posición interna y una falta de estabilidad moral que le impiden detenerse y volver a asumir su responsabilidad. Pero la película no se centra en la cortisona sino en un hombre que busca su refugio en un milagro. Es la cortisona como podría ser otra droga o el alcohol o una fortuna heredada o la comprensión en el sofá de un psicoanalista… o en los brazos de una mujer.”



Y es que Ray tampoco estaba muy contento con los médicos y las empresas farmacéuticas de su época.  Haciendo de nuevo referencia a que el guión estaba basado en un hecho real podemos decir que otro tema que se analiza en el film es el de la polémica investigación y experimentación con seres humanos. En cierta secuencia de la película Ed Avery menciona a los facultativos de esta manera:
 “Hay muchos médicos y pocos profesores. Médicos que recetan lo que no conocen; lo que no han experimentado.” 

 El interés de Ray estribaba más en que el uso de un remedio milagroso pudiera convertirse en una pesadilla  y no tanto el hecho en sí de la adicción. De todos modos, las asociaciones de médicos le obligaron a indicar que la transformación del protagonista en un lúcido Mr. Hide era producto del abuso de la cortisona, a pesar de que según el Dr. Hensch (inventor de la cortisona y ganador del Premio Novel por hacerlo) los efectos secundarios eran mucho más terribles de lo que aparecían en la película. Utilizando esta polémica, que llega todavía hasta nuestros días, la promoción del film hizo hincapié  en el tema para atraer a los  morbosos espectadores.

Nicholas Ray utilizó una puesta en escena magistral, entre un realismo psicológico y una teatral solemnidad. El barrio de clase media es igual que el de Rebelde sin causa, con sus casas unifamiliares de dos plantas y sus aburridos residentes que se reúnen para  ir a la iglesia y jugar al bridge. En las paredes del hogar  de los Avery cuelgan cuadros de mapas y de ciudades del mundo como símbolo del escape que Ed necesita y no encuentra, la aspiración de huir algún día.  La utilización del CinemaScope a elección del director y el uso de los colores, en especial el rojo (calidez, pasión) y el verde (frio, enfermedad), colores opuestos que unidos crean confusión en la imagen. El infrecuente uso de este formato en interiores le posibilita dividir mejor el hogar en  hábitats y gozar de las líneas horizontales que tanta estabilidad inspiran.  La inclinación de ángulos de cámara acusados otorgan gran dramatismo y en Ray es bastante común que las escenas con mayor carga dramática se sitúen especialmente en las escaleras de la casas. Incluso el tan manido reflejo de espejos y el uso de una iluminación en ocasiones expresionista, hacen del film una febril experiencia que nos sumerge de lleno en la exasperación del protagonista y su entorno.

Como en la mayoría de los personajes de Nicholas Ray, Ed Avery ha viajado y ha encontrado un camino, una meta vislumbrada gracias a la clarividencia que le otorga la cortisona. En segundo plano todos sus personajes buscan desesperadamente la lucidez. Aun así, el personaje más puramente autobiográfico, y teniendo en cuenta sus antecedentes familiares, es el del hijo de Ed, Richie. Recordemos que el padre de Ray fue alcohólico hasta la muerte y que su alter ego fuera de la pantalla fue James Dean y dentro de ella Jim Stark,  protagonista de Rebelde sin causa… Curiosamente ambos visten la misma cazadora roja y ante la pasividad de la madre, Richie es el único que se muestra descontento y está dispuesto a actuar para recuperar a su padre. Es el joven rebelde que tanto adora Nicholas Ray. No nos resulta difícil imaginar cómo crecerá Richie para convertirse en Jim Stark. Podríamos incluso extrapolar el fármaco maldito por la botella de alcohol que Ray tan bien conocía.

James Dean, Nicholas Ray y el niño Christopher Olsen que interpreta a Richie. Se ve que a todos les gusta el rojo.

Aunque la cortisona sigue siendo un medicamento de uso común y su receta pueda ser expedida por cualquier médico en la actualidad,  podríamos hablar sobre una multitud de drogas de uso farmacéutico que crean adicciones si no son controladas. Ray lamentaba haber bautizado al medicamento de su película como cortisona y no haberlo cambiado por  un nombre inventado que pudiera haber sido la alegoría definitiva de otras mil dependencias, al igual que el soma3 de Un Mundo Feliz , novela distópica de Aldous Huxley. El cineasta también fue arrastrado por los vicios de  moda del momento y muchos otros cayeron en las redes de esteroides, tranquilizantes, antidepresivos, estimulantes y barbitúricos. Célebres son los casos de Marilyn  Monroe o más recientemente Heath Ledger, Michael Jackson o Amy Winehouse.
En su autobiografía se cuenta la anécdota que siendo ya viejo y habiendo pasado por un calvario de clínicas de desintoxicación, él y su última mujer, Susan Ray, vieron un pase televisivo de Más poderoso que la vida. Ella sin ningún miedo a equivocarse suspiró lo siguiente: “Esta es tú vida antes de haberla vivido”.
Desde su primera película  Los amantes de la noche hasta la última (entendiendo por última hasta que dejó de hacer películas  por culpa de su salud), 55 días en Pekín, sólo pasaron 17 años, en los cuales rodó 20 películas, alguna de las cuales con la impronta de un gran autor, pero otras tantas al servicio de una industria que poco le entendió. En sus años de ostracismo siguió en activo, pero alejado de los focos que una vez se apagaron. Rescatado a menudo por generaciones de jóvenes cineastas nos dejó sus dos últimos trabajos No volveremos a casa (We can´t go home again, 1971-1973) que rodó con la ayuda de sus alumnos de la universidad, y Relámpago sobre el agua (Lighting over water, 1980) codirigido junto a Win Wenders y que constituye un escalofriante legado sobre cómo se ha de filmar la muerte, su propia muerte, la muerte de Nicholas Ray.

Nicholas Ray reflejado.
Al descubrir este fotograma no pudimos más que formularnos varias preguntas y ninguna de ellas tenía respuesta.
Ed Avery cierra la puerta del armario que hay encima del lavabo, está arreglándose para ir a dormir y Lou le está preparando un baño, coge una de las pastillas de cortisona y cierra la puerta.  El cierre es tan rápido que apenas se puede ver nada, pero pasado fotograma a fotograma descubrimos maravillados como,  poco a poco, aparece la imagen distorsionada de nuestro director y justo arriba  de él, la cámara con su objetivo negro. Semejante descuido es imperceptible aún hoy al ver la película en su velocidad normal (24 fotogramas por segundo en cine o 25 si lo vemos en televisión), pero las moviolas de la época o un simple reproductor digital nos permite ajustar la velocidad a nuestro antojo.
¿Cómo es posible que Nicholas Ray apareciera reflejado en el espejo? En un rodaje, todas las precauciones cuando aparecen cristales, espejos o superficies reflectantes, son extremas en su previsión. Aun así aparece el director,  tras James Mason, mirando concentrado el desenvolver de la actuación y totalmente despreocupado de que su presencia sea captada por el celuloide. ¿Quiso aparecer subliminalmente? El análisis de la imagen no tiene desperdicio. 

Nicholas Ray en persona aparece en el espejo... ¿fallo?
Tal vez se sentía identificado con el personaje  y quiso hacerse partícipe de la historia del profesor Ed Avery, tan cercano a él en su búsqueda de refugio a través de las pastillas.  Su imagen nos aparece distorsionada debido a la convexidad del espejo, pero ¿no se veía Ray a sí mismo frágil y desfigurado? ¿Podría ser su manera sutil de figurar como lo harían otros al modo de Alfred Hitchcock?  

Otro posible  motivo es que la cámara lo captara  desprevenido debido al  alcohol o a otras sustancias de las que era consumidor.  Famosas eran  sus irrupciones en el plató completamente bebido, dando las órdenes oportunas a todo el mundo para después retirarse a dormir la mona. Otra curiosidad graciosa sobre sus borracheras era cuando por un descuido olvidaba el ojo en el cual portaba, a modo de coquetería, un parche. Haciendo que la gente que no conocía su extravagante afición se sintiera escandalizada, cambiándose el parche de ojo a pesar de la estupefacción de los presentes. Durante la filmación del plano que tratamos, alguien tendría que haberle avisado de tal error, pero solamente aparecen revelados cámara, actor y director. Nadie más.

El motivo menos romántico y seguramente la razón verdadera es que tanto director como miembros del equipo técnico restasen importancia a unos fotogramas tan discretos como imperceptibles al ojo humano.  Quizá se tratara simplemente de un error. ¿Quién sabe? La duda nos asalta y sólo nos queda buscar la imagen de Nick El Maldito en cuanto espejo encontremos en su filmografía. 

 J.M.T.

1 Frank Lloyd Wright, arquitecto estadounidense, fue uno de los principales maestros de la arquitectura del siglo XX conocido por la arquitectura orgánica y funcional de sus diseños. Joseph Losey, director de cine, su película más famosa fue El sirviente (The servant, 1963). John Houseman, importante productor teatral y cinematográfico. Pasó a la historia del cine por ser el productor de Ciudadano Kane de Orson Welles (Citizen Kane, 1941)
2 Efectos de la cortisona: irritabilidad, temblores, ansiedad, apetito, insomnio. Todos ellos se pueden ver  a lo largo del film. En especial en la secuencia en la que Ed Avery  y su hijo juegan con el balón de fútbol americano dentro del salón de su casa.  El uso de la cortisona en el caso de la enfermedad de Ed Avery, poliarteritis nodosa, se ve justificado debido a que es un poderoso antiinflamatorio.
3  En la novela el soma es una droga que todo el mundo toma cuando se encuentra deprimido.

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Video introductorio
 

Cartelera



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