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lunes, 25 de julio de 2011

El Gran Carnaval de Billy Wilder.


     
 “Expresaba muy claramente por qué la gente se comporta como lo hace. Pero no lo captaron, mucha gente no lo captó. Algunos críticos inteligentes la elogiaron y dijeron que era la que preferían de todas mis películas. Pero muchos, en su momento, no quisieron reconocer que a la gente le gusta el sensacionalismo y que, cuando uno ve un accidente, ya sabe, siempre ve a personas que se acercan a contemplarlo. Les encanta ver…ver. Pueden hablar con gran suficiencia sobre la princesa Diana y los fotógrafos, pero luego se sientan en el cine y dicen: “Muy bien, entreténganme”. Sólo que aquella película no era exactamente lo que querían ver.”

                                             Billy Wilder, 1998

    Austriaco de nacimiento, Billy Wilder, siempre mostró un gran afecto a los Estados Unidos como país de adopción. Aunque nadie lo diría tras ver la magnífica El Gran Carnaval (Ace in the Hole, 1951) y su retrato del americano estúpido, ingenuo, adicto a la comida rápida y entretenimiento barato.
Originalmente conocida como Ace in the Hole, y debido al enorme fracaso generado en taquilla, los productores decidieron adoptar un título más incisivo, The Big Carnival (El Gran Carnaval),  para muchos con menor significado o ingenio que el original. La película esta basada en parte en la historia real de un famoso escalador llamado Floyd Collins que murió atrapado en el interior de una cueva en el año 1925 en Kentucky.

Cartelera internacional.

Antes incluso que otra de sus obras cumbres como Perdición (Double Indemnity, 1944), Billy Wilder siempre demostró tener un sexto sentido en temas claves sobre la sociedad moderna y demostró ser un visionario sobre ciertos temas fundamentales hoy día como en el caso de El gran carnaval, el sensacionalismo y consumismo barato crecido desde principios del siglo XX y que en el año 1951, año de producción de la película, poca gente asumía fácilmente. Billy Wilder afirmó varias veces que el público americano no supo o no quiso asimilar la película, añadiendo que no aceptaban que un periodista pudiera comportarse de esa manera. Sin embargo, durante los siguientes 57 años hasta hoy día, El gran carnaval se ha mantenido fresca y ha ido ganando incluso valor con el paso del tiempo gracias a su ácida crítica que en ella hace del sensacionalismo que desgraciadamente es ferviente en los diferentes medios de comunicación. Junto a otras películas como Todos los hombres del presidente de Alan J. Pakula (All the President´s men, 1976) o Network de Sidney Lumet (1976), El gran carnaval es una película necesaria dentro de un género controvertido a la par que arriesgado para un producto comercial como es el de la crítica al periodismo y a la sociedad de consumo.

Sterling y Douglas recibiendo instrucciones de Wilder.
Cinismo. Esta es la palabra que mejor define el comportamiento del personaje de Chuck Tatum, el ambicioso y frustrado periodista sin escrúpulos interpretado por un asombroso Kirk Douglas en una de sus mejores actuaciones sin duda.  Pero no sólo encontramos cinismo en el personaje de Chuck Tatum. Hay cinismo por todas partes. Billy Wilder consiguió encontrar un pedazo de él para muchos de los personajes en un guión lleno de diálogos estupendos y situaciones o símbolos muy adelantadas a su época que el público americano de principios de los 50 no supo descifrar. La frialdad y crueldad que desprenden algunos de los personajes como la esposa del atrapado en la cueva o el Sheriff del pueblo llega incluso a superar a la del propio Chuck Tatum, que parece redimirse hacia el final de la película ante lo que él mismo ha creado. Y, por supuesto, la morbosa sociedad de consumo tiene un papel fundamental en su conjunto y en detalle con la descripción por parte de Wilder de algunos ejemplos de individuos representativos de ese consumismo. Es curioso observar, por ejemplo, como el precio de la entrada al recinto “ferial” multiplica su precio varias veces o como la estación de servicio se hace cada vez más rentable. Y en el otro lado, encontramos los personajes honestos como el director del pequeño periódico al que acude Tatum o el obrero ajeno al circo que trabaja para sacar lo antes posible al atrapado en la cueva. Sin embargo, estos personajes se nos muestran cansados o de algún modo, a diferencia del héroe típico enérgico, resignados y conscientes de lo inevitable. Este es uno de los puntos más interesantes de una película muy adelantada a su tiempo y parte de lo que al público rechazó en su momento acostumbrados a cierta reacción de la sociedad ante un caso como el que se plantea en El gran carnaval. También la redención parcial del periodista al final parece en un principio chocar con el perfil a priori del mismo si tenemos en cuenta que es el protagonista y debe asumir toda la culpa de la situación. Pero si al contrario situamos al conjunto de la sociedad de consumo como verdadero protagonista de la película todo encaja perfectamente y observamos como el auténtico monstruo es la propia sociedad. Esta sociedad es la que crea personajes como el del ambicioso periodista Chuck Tatum y también los destruye. De esta forma, con la redención del periodista, Billy Wilder intentaba de alguna manera avisar de lo temible que podía llegar a ser una sociedad marcada con esos valores. La sociedad de consumo se regenera con la destrucción de su propia creación generando nuevos individuos a destruir. Desgraciadamente, la acertada visión de futuro de Billy Wilder se sigue cumpliendo y continua creciendo.

 El gran carnaval esta situada entre dos grandes títulos de la filmografía de Billy Wilder como son El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard,1950) y Traidor en el infierno (Stalag 17, de 1953). Tal vez por esta razón, porque se aleja del resto de su obra o lo controvertido del tema que trata la película no ha sido lo suficientemente valorada durante sus más de 50 años. Sin embargo, hoy en día es tal vez,  su película más estudiada y está incluida como referente en muchos estudios sobre sociología y periodismo. Directores como Spike Lee o Woody Allen han reconocido que se encuentra entre sus películas favoritas de todos los tiempos. El propio Spike Lee quiso realizar un remake y homenajeo el virtuoso plano final en su película Malcolm X (1992). Otros directores como el greco-francés Costa-Gravas con su película Mad City (1998) mostraron multitud de referencias hacia El gran carnaval constatando su enorme influencia en varias generaciones de cineastas en todo el mundo.
 
Javier Ballesteros para la primera temporada de La Filmoteca en mayo de 2008, dentro del ciclo "Individuo y sociedad". Retrospectiva 2008-2011.



TRAILER.

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