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Noviembre 2018 · Víctimas de violación y abuso sexual

lunes, 22 de octubre de 2018

La hora del lobo de Ingmar Bergman


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«El tiempo entre la medianoche y el amanecer, cuando la mayoría de la gente muere, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas son más apetecibles. Es la hora en que los insomnes son perseguidos por sus ansiedades más agudas, cuando los fantasmas y los demonios dominan. La hora del lobo es también la hora en que nacen la mayoría de los niños.»


Ingmar Bergman.


Con Persona (1966), posiblemente la obra más laureada de Ingmar Bergman, da comienzo la etapa de expresión crítica del director sueco a la que también pertenece la presente La hora del lobo (Vargtimmen, 1968). El carácter experimental y los múltiples efectos de transformación de la realidad son visibles en dos películas claramente hermanadas, siendo ambas abordadas desde puntos de vista muy variados. Si en Persona el horror se interiorizaba, en La hora del lobo lo interno se hace externo, y ambas atesoran una percepción incierta y desesperada de la condición humana.

La hora del lobo inicia una serie temática dentro de la misma etapa, que algunos autores han reconocido como 'la trilogía del aislamiento'. En el discurso de esta nueva trilogía completada con La vergüenza (Skammen, 1968) y Pasión (En passion, 1969), se evidencia la incertidumbre y la crisis personal de Bergman como artista. Las tres películas siguen un hilo de violencia que actúa como un intruso en las vidas de personas aparentemente ordinarias. La violencia de finales de los 60, como el caso de la guerra en Vietnam, preocupó excepcionalmente a Bergman, y es un elemento que interfiere en la vida de los personajes que crea. Todas las películas de esta etapa luchan por mostrar, de una manera u otra, cómo la atmósfera general de crueldad, rabia y caos moral imperante se filtra en las relaciones personales.

La convulsa y contradictoria producción cinematográfica durante la fase más crítica de la carrera de Bergman, quedó marcada por su retiro en la isla de Faro, a unos ochenta y cinco kilómetros del continente sueco. La ‘insularidad’ del enclave dotó a obras como La hora del lobo de un amplio sentido metafórico, tomando como punto de referencia a las clases acomodadas de Suecia. En este punto los personajes muestran un marcado egoísmo, descubriendo las contradicciones morales de una estructura social tan progresista como reaccionaria, y de ahí el concepto de la expresión crítica.


Cartelería internacional de La hora del lobo.


La hora del lobo se originó a partir de un guión previo titulado "Los Caníbales". Debido a un caso grave de neumonía, Bergman interrumpió el proyecto y al recuperar la salud escribió y dirigió Persona. Al volver a su guión anterior, reescribió el título y pasó a filmarlo como La hora del lobo. La historia representada resultaba tremendamente personal, aunque se creó cierta distancia con la ficción mediante la inclusión de escenas que se salían del relato central para suscitar la curiosidad del espectador como parte del proceso de rodaje. Liv Ullman, que vivía abiertamente con Bergman en ese momento y dio a luz a su hija Linn durante el rodaje, mantiene algunas conversaciones frente a la cámara que no dejan indiferente a nadie.

En los créditos de apertura, es posible escuchar la voz de Bergman dando instrucciones y discutiendo con su equipo mientras prepara el rodaje de una escena. La importancia de esta idea es otro vínculo directo con Persona, y sirve como una presentación del director. Cuando comienza la película, Alma (Liv Ullmann) se sienta en un banco y habla con el cineasta, que situamos al otro lado del plano. Mientras asumimos que se trata de Bergman, su mirada se dirige igualmente hacia nosotros, y ese desconcierto nos sumerge en el proceso creativo de la película, al margen de enfatizar el papel de Alma como el de la verdadera protagonista del filme.

El marido de Alma, Johan Borg (Max von Sydow), es un pintor muy ambicioso que sufre episodios de depresión, insomnio y una especie de bloqueo propio de los artistas. Para aliviar sus síntomas, la pareja aprovecha el embarazo de Alma para viajar juntos a la parte más solitaria de una isla que, según creen, está deshabitada. Alma hace todo lo posible para explicar por qué han elegido el aislamiento y que esto no es algo que teman, al contrario. Es una decisión que abrazan sin reparos.

En sus primeros pasos por la isla, a Johan se le empiezan a acercar con regularidad personas muy extrañas, y le confía a Alma la sensación de estar rodeados de demonios, lo que agudiza su estado de insomnio. En las noches en las que Johan no puede dormir, Alma permanece despierta a su lado, especialmente durante las vargtimmen (las horas del lobo), en las cuales, dice Johan, ocurren la mayoría de los nacimientos y las muertes. A medida que avanza la película, Johan comienza a dar forma a las figuras que se le acercan, incluyendo a un hombre pájaro, insectos, caníbales, y otros personajes con un estilo ciertamente extravagante. En definitiva, sus "demonios internos" se vuelven bastante literales: criaturas depredadoras en forma (en su mayoría) humana que sirven como manifestaciones de sus debilidades, sus neurosis y de su relación deteriorada con Alma. La situación empuja a Alma a creer que al estar juntos y amar a Johan, puede volverse igual que él y participar de las mismas ideas macabras. En esta tesitura es inevitable que Alma se debata entre permanecer junto a Johan o escapar de sus garras y evitar ser contagiada por sus delirios.


Alma (Liv Ullmann) nos revela repetidamente que ama tanto a su esposo que comparte sus alucinaciones.


La confrontación interna que sufre Johan Borg sacude la conciencia de Alma con fuerza, y ella se ve abocada a compartir la oscuridad de sus visiones, inherentes al profundo amor que todavía siente por él. El tono sombrío y psicológico se apodera de un romance cada vez más peligroso, y la película, llegados a este punto, decide explotar una extraordinaria atmósfera de relato de terror gótico, concebida de forma brillante.

Los conflictos internos de Johan y los demonios que los representan se manifiestan, de modo que Alma también se convierte en la víctima de estos monstruos. Como especula Alma avanzada la película, su estrecha relación con Johan ha dado como resultado el "pensar como él y mirar como él", lo que la hace someterse a los mismos "caníbales". Como en Persona, las personalidades se fusionan, y Alma parece no oponerse. Estamos, claramente, ante una de las muestras de amor incondicional más extremas de la historia del cine.

Al compartir los temores y las frustraciones de Johan, la vida en pareja se hace insostenible, Así, Bergman afirma la naturaleza imposible de las relaciones, la incapacidad máxima de dos personas para vivir juntas sin destruirse mutuamente, una actitud pesimista que se reafirmará especialmente en Pasión, pero también se dejará ver en Secretos de un matrimonio (Scener ur ett äktenskap, 1973).

En La hora del lobo la melancolía de los protagonistas bordea la locura y el genio, y nos transmite la incapacidad de distinguir la realidad de la ficción con una fotografía en blanco y negro que dejó huella en la filmografía de Bergman. Sven Nykvist provoca fuertes contrastes de luces y sombras, y hace patente la influencia expresionista de la que se valía Bergman para subrayar su obra tanto a nivel estético como conceptual. Su interpretación subjetiva del mundo se deja llevar claramente por una corriente expresionista, donde lo imaginario y lo onírico se imponen.

Aunque la acción parte de una modesta casa de verano y sus alrededores, allí el personaje de Johan sufre una transformación que le va desgarrando como artista, con continuas pesadillas y alucinaciones contra las que lucha sin éxito en un plano sobrenatural. Partiendo de la interpretación de Max von Sydow, que gira en torno a un artista atormentado e incapaz de conciliar el sueño (impulsado a dibujar una serie de criaturas que sólo él puede ver), la narración enseguida nos traslada al castillo del Barón von Merkens, al que Johan y Alma acuden invitados. Nada más apropiado para crear la atmósfera que Bergman y Nykvist buscaban que un lugar propio del Conde Drácula, habitado por personajes extremadamente siniestros.


La inusual La hora del lobo, sin desencajar en la filmografía de Bergman, nos hace lamentar que fuera su única incursión completa en el cine de terror.


Al recrear la acción en unas localizaciones tan sombrías, La hora del Lobo adquiere fuertes semejanzas con otro thriller sobrenatural de Bergman; El rostro (Ansiktet, 1958). Resulta curioso ver como diez años antes, Bergman ya empleó convenciones de películas de terror (aplausos, luces de claroscuro y música espeluznante) para explorar los miedos y las fantasías más oscuras de los personajes. Ambas películas se refieren a la victimización social del artista, y aquí, como en la película anterior, Max von Sydow sufre las humillaciones de un elenco de jueces que representan las diversas instituciones y fuerzas del orden social. Erland Josephson vuelve a interpretar a un insidioso conde cuya genialidad enmascara un ser despreciable, y Naima Wifstrand, la espeluznante anciana favorita de Bergman, repite su papel de bruja, aunque del lado de los depredadores esta vez (curiosamente, esta bruja también tiene la capacidad de quitarse la cara, un talento que von Sydow, demuestra en El rostro como Dr. Vogler. Esto motiva aún más a Bergman a la hora de mostrar las máscaras como una degradación de los roles sociales y de la falsedad que conllevan).

Para el recuerdo queda la precisión total de Nykvist al usar su técnica de panorámica en algunas secuencias de la parte del castillo. En los planos de la cena la cámara gira alrededor de la mesa, encuadrando todas las caras, una por una, con una velocidad, una precisión y una calidad en la composición ideales para cada personaje.

Todos los enigmas que emanan del artista y su pérdida de control se plasman progresivamente en las imágenes que vemos, y actúan como los demonios internos de una mente desbordada. El alter ego de Bergman, que encarna Max von Sydow, forma parte del discurso ya tradicional sobre la naturaleza del arte y el conflicto del artista con la realidad. Por que como ya se señalaba en Ocho y medio de Fellini (Otto e mezzo, 1963), cuando la creatividad no consigue llegar a buen puerto y materializarse, las dudas y las frustraciones internas se convierten en el peor de los enemigos.

En cuanto al significado de la película, Bergman se expresó perfectamente con esta opinión: "Creo que es terriblemente importante que el arte exponga la humillación, que el arte muestre cómo los seres humanos se humillan unos a otros, porque la humillación es uno de los compañeros más terribles de la humanidad. Y todo nuestro sistema social se basa en gran medida en la humillación... las leyes, la ejecución de sentencias... el tipo de educación escolar... que experimenté... la religión de la que nos profesamos oficialmente adeptos". Atendiendo a sus palabras, no se podría expresar mejor el sabor que nos deja este encuentro entre el artista frustrado y sus demonios internos.



Toni Cristóbal


Vídeo introductorio a La hora del lobo
por Toni Cristóbal.








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