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sábado, 29 de septiembre de 2018

Presentación del ciclo "100 años de Ingmar Bergman". Octubre 2018.



«A veces me preguntan qué es lo que busco en mis películas, cuál es mi meta. La pregunta es difícil y peligrosa, y suelo responder con una mentira piadosa o una evasiva: "Trato de decir la verdad sobre la condición humana, la verdad como yo la veo". Esta respuesta les satisface, y a menudo me pregunto por qué nadie se da cuenta de mi engaño; porque la verdadera respuesta debería ser: "Siento una necesidad indomable de expresar en una película aquello que, subjetivamente por completo, es parte de mi conciencia".»

Ingmar Bergman.


Comenzamos la IX temporada de la Filmoteca de Sant Joan d’Alacant con un primer ciclo dedicado al análisis y estudio de la obra fílmica de Ingmar Bergman, en el que celebramos el centenario de su nacimiento el 14 de julio de 1918. La Filmoteca de Sant Joan d'Alacant se adhiere con este modesto ciclo monográfico al resto de eventos que homenajean la obra y figura del gran cineasta sueco, y que continúan sucediéndose durante este 2018, el "año Bergman", desde su Suecia natal hasta el resto del mundo.

Ingmar Bergman (Upsala, 14 de julio de 1918 - Fårö, 30 de julio de 2007) fue, sin duda alguna, el máximo exponente de la cinematografía sueca, así como uno de los gigantes de la cinematografía europea y mundial del siglo XX. En sus casi 60 años de carrera cinematográfica, desde 1944 hasta 2003, Ingmar Bergman dirigió y/o escribió más de 60 películas. Tal prolífico legado puede impresionar a cualquier debutante en el medio cinematográfico, pero resulta coherente, casi inevitable, para un cineasta que consideraba al cine como su "amante". Sin embargo, el teatro fue su verdadera "esposa", a la que Bergman nunca descuidó llegando a dirigir más de un centenar de obras tanto en su Suecia natal como en el extranjero.

El mito de Ingmar Bergman lo ha definido históricamente como un cineasta colérico, egocéntrico, manipulador, torturado por sus propios demonios internos e hipocondríaco, entre otros; adjetivos que pueden resultar casi inherentes a un genio inclasificable entre sus contemporáneos de profesión que trasladó a su obra un universo íntimo, alimentado por una profunda inquietud existencial. Entre los temas que sustentan el discurso bergmaniano destacan la familia, la religión, las relaciones de pareja, el aislamiento, el miedo, el deseo o la muerte; temas universales que, sin embargo, Bergman consigue plasmar en su filmografía desde su más íntima experiencia vital hasta un apogeo artístico que trasciende cualquier barrera ideológica o cultural. Ingmar Bergman reformuló continuamente sus obsesiones personales en su filmografía, con una angustia existencial derivada de una estricta educación luterana y de una erudición que no hizo más que ayudarle a cuestionar aún más sus orígenes y creencias.

Tratar de catalogar o clasificar la obra fílmica bergmaniana resulta una tarea sumamente compleja, aunque, sin embargo, algunos teóricos han encontrado puntos de inflexión notables en su obra que les han permitido establecer varias etapas creativas en el cineasta sueco. Jordi Puigdomènech, por ejemplo, distingue en Ingmar Bergman: El último existencialista (2004) cinco periodos:

- Un primer periodo desde 1945 a 1948, de "obras de juventud". Una etapa en la que Bergman cuestiona ciertos códigos éticos vigentes en la sociedad de su tiempo y en el que Bergman pone en entredicho toda forma de autoridad moral.
- Un segundo periodo desde 1948 a 1955, de "obras de contenido psicológico". En esta etapa aparece una incipiente angustia vital en el cineasta sueco, alimentada no solo por su herencia cultural o religiosa, sino también por sus propias vivencias.
- Un tercer periodo desde 1956 a 1963, de "obras de contenido simbólico". Esta es la etapa más celebrada de Bergman, con una obsesiva búsqueda intelectual por el sentido de la vida, la condición humana, la muerte y la existencia de Dios.
- Un cuarto periodo desde 1964 a 1980, de "obras de expresión crítica". Esta fase se caracteriza por una aproximación al existencialismo agnóstico, que desemboca en una amarga desesperanza, misántropa, con una crítica abierta a los valores de la sociedad contemporánea.
- Un quinto periodo desde 1981 hasta 2003, de "obras de reconstrucción genealógica". En esta última etapa se observa un mayor peso teológico y una gran carga introspectiva alrededor del núcleo familiar y de sus orígenes, bajo la mirada de un Bergman ya aislado casi por completo del mundo exterior y entrado en una edad madura, enriquecida de experiencias y recuerdos.

En la Filmoteca de Sant Joan d'Alacant subrayamos la clasificación por etapas de Puigdomènech, pero creemos que puede inducir a un determinismo que resulta incompatible con la propia idiosincrasia del discurso bergmaniano, sustentado sobre la propia experiencia vital del cineasta sueco, sobre su volátil subjetividad, con continuas idas y venidas alrededor de sus obsesiones existenciales. La filmografía de Bergman nos resulta ante todo derivada de un proceso creativo cíclico y revisionista de dichas obsesiones o temas capitales, latentes desde su juventud. Bergman reformuló su discurso continuamente, ya fuera experimentando con varios géneros cinematográficos, desde el drama, la comedia o la reconstrucción histórica, o a la vanguardia del cine europeo en la técnica y narración metafílmica.

Es por todo ello que, frente a la dificultad de escoger cuatro obras de entre los más de 45 largometrajes que Ingmar Bergman realizó para la gran pantalla, nos hemos decantado por cuatro películas que son muestra de varias de sus etapas creativas, pero que también son muestra del extraordinario talento del cineasta sueco para realizar obras únicas e inclasificables, incluso entre su propia filmografía. El presente ciclo de la Filmoteca, "100 años de Ingmar Bergman" pretende ofrecer un muestreo significativo de la obra bergmaniana a partir de la proyección de cuatro películas imprescindibles en su filmografía: Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1953), Fresas Salvajes (Smultronstället, 1957), La hora de lobo (Vargtimmen, 1968) y Gritos y Susurros (Viskningar och rop, 1972).

Desde el día 1 hasta el 29 de octubre de 2018, la Filmoteca de Sant Joan d’Alacant rendirá homenaje a Ingmar Bergman, en el marco del centenario de su nacimiento, con la proyección de las siguientes películas:

Comenzaremos el lunes 1 de octubre con la proyección de Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1953). Rodada en el verano de 1952, Un verano con Mónica fue el duodécimo largometraje dirigido por Ingmar Bergman. La película pertenece a un segundo periodo de la filmografía del cineasta sueco, y significó su reconocimiento internacional. En 1952 Bergman se encontraba en plena crisis laboral y familiar, con un contrato "de esclavo" en sus propias palabras con la Svensk Filmindustri que había congelado sus ingresos, por culpa de una huelga de productores en la compañía. Para sacar adelante a su familia (con 5 hijos que alimentar), Bergman tuvo que aceptar la dirección de anuncios publicitarios para una marca de desodorantes. Bajo este contexto se gestó Un verano con Mónica, una producción muy modesta económicamente, con un sencillo argumento a partir de una novela de su amigo Per-Anders Fogelström, con quién elaboró el guion de la película. Un verano con Mónica narra el romance de dos adolescentes de clase trabajadora de Estocolmo: Mónica (Harriet Andersson), que trabaja en un colmado y vive con sus padres y hermanos en un pequeño piso abarrotado, y Harry (Lars Ekborg), un tímido dependiente en una fábrica de porcelana cuya relación con su padre viudo es tensa y silenciosa. Tras conocerse, los dos jóvenes deciden abandonar sus trabajos y sus familias para alejarse del mundo que conocen y perderse durante unas semanas en un bote por el archipiélago de Estocolmo. Pese a no ser hoy considerada entre sus obras maestras, Un verano con Mónica resultó ser en su tiempo una de sus películas más influyentes, significando una suerte de verso libre en su filmografía. La película impactó notablemente entre los jóvenes críticos franceses que pocos años más tarde formarían parte de la "nouvelle vague", atraídos por el erotismo explícito y provocador que exhumaba la película y por el retrato de la pareja de adolescentes enamorados, rebeldes, a la fuga y ávidos de libertad. A día de hoy continúa siendo la película de Ingmar Bergman más vista en los Estados Unidos.

Continuaremos el lunes 15 de octubre con la proyección de Fresas salvajes (Smultronstället, 1957). Considerada por muchos como la obra cumbre de Ingmar Bergman, la reputación de Fresas salvajes no ha hecho sino más que crecer con el paso de los años. En una encuesta de 2002 realizada por 'Sight & Sound', los directores Ken Loach y Jaco Van Dormael la situaron en su top 10 de los mejores largometrajes; por su parte, el tabloide 'The Village Voice' la colocó entre los 250 mejores largometrajes del siglo XX; en una entrevista en 1963, el cineasta Stanley Kubrick mencionó que Fresas salvajes era su segunda película favorita, mientras que Federico Fellini alegó en otra entrevista, ese mismo año, que era la única película de Bergman que había visto y que le fue suficiente para entender lo gran artista que era. En pleno apogeo profesional, artístico y creativo —era director artístico del teatro principal de la ciudad de Malmö y disfrutaba del aún candente éxito de sus dos anteriores películas, Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende, 1955) y El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957)—, Ingmar Bergman escribió el guion de Fresas salvajes en la primavera de 1957, a partir de una idea que le había surgido tras un viaje de Estocolmo a Dalarna, y detenerse en su Upsala natal; al llegar a casa de su abuela se imaginó si podría abrir la puerta y encontrar en el interior todo como estaba durante su infancia. Fresas salvajes narra, a modo de road movie, la crisis existencial e introspectiva del profesor Isak Borg, interpretado por el que fuera maestro de Bergman, Victor Sjöström, durante su viaje en carretera a la Universidad de Lund con motivo de la celebración de su jubileo doctoral. A sus 78 años, el profesor Isak Borg mantiene una gélida relación con su hijo Evald (Gunnar Björnstrand) y apenas tiene relación con nadie más que con su fiel ama de llaves y su nonagenaria madre; su nuera Marianne (Ingrid Thulin) le acompañará en un viaje, al que se añadirán posteriormente un grupo de tres jóvenes vivaces y un matrimonio atormentado; los continuos reproches de su nuera, la semblanza de una de las jóvenes (Bibi Andersson) con su amor platónico de juventud y la tensión latente en el matrimonio con el que se topan en la carretera, provocarán en el viejo Isak Borg una serie de recuerdos de su infancia y adolescencia junto a su familia, al tiempo que reconstruye su propio juicio vital. Pasado y presente se unen mediante extraordinarios flashbacks, en una película cuyo alto contenido poético equilibra a la perfección su discurso existencialista, convirtiéndola en una obra maestra única e inclasificable en la filmografía de Ingmar Bergman. La secuencia onírica inicial de la película es una de las más influyentes y estudiadas de la historia del cine; una secuencia simplemente sublime. Fresas salvajes recibió varios premios cinematográficos de prestigio: en 1958 ganó el Oso de oro a la mejor película en el Festival Internacional de Cine de Berlín; ese mismo año, también obtuvo un premio Pasinetti en el Festival de Cine de Venecia; al año siguiente consiguió las nominaciones a mejor película y mejor actor extranjero para Sjöström en los premios BAFTA,​ dos galardones en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata al mejor largometraje y al mejor actor,​ y un premio Bodil a la mejor cinta europea; en 1960, consiguió un Globo de Oro honorífico a la mejor película extranjera y logró una nominación al Óscar en la categoría de mejor guion original. Sin duda alguna, Fresas salvajes es una de las obras más influyentes y aclamadas de la historia del cine.

El lunes 22 de octubre se proyectará La hora del lobo (Vargtimmen, 1968). La hora del lobo es otra suerte de verso libre en la filmografía de Ingmar Bergman, aclamada por la crítica como una de sus mejores obras. A medio camino entre el género de terror, el surrealismo y el drama psicológico, La hora del lobo resulta tan hipnotizante como claustrofóbica y reformula varias de las obsesiones de Ingmar Bergman respecto al aislamiento, la soledad, el miedo existencialista y la muerte. Rodada en escenarios naturales de la reserva natural de Hovs Hallar y en los platós de Svenk Filmindustri Studios en Estocolmo, la película relata la convivencia de una pareja de artistas recluidos en una solitaria isla, plagada de pesadillas nocturnas y acosados por extraños seres demoníacos. Protagonizada por Max Von Sydow en el papel del pintor Johan Borg y por Liv Ullmann en el papel de su mujer Alma, La hora del lobo originalmente fue concebida por Ingmar Bergman bajo el nombre de Los caníbales; sin embargo, Bergman terminó por titular a la película como La hora del lobo en referencia al mítico calificativo en la cultura nórdica con la que se conoce a "la hora entre la noche y el amanecer, en la que muere más gente, cuando el sueño es más profundo, cuando las pesadillas se sienten más reales, cuando los demonios son más poderosos, pero también cuando nacen más niños". La película establece una relación directa entre la naturaleza del artista y sus propios demonios internos; de su incapacidad para evitar la creación de un imaginario que puede resultar destructivo y terrorífico en un estado de debilidad y reflexión existencial. El insomnio profundo que padece el pintor Johan Borg potencia hasta el límite su temor ante la llegada de la llamada hora del lobo. Con una ambientación prácticamente expresionista, tanto en la iluminación como en algunos de los encuadres, La hora del lobo experimenta con el medio cinematográfico hasta el límite de la técnica fotográfica en blanco y negro, desde los planos completamente oscuros hasta los absolutamente saturados de luz, gracias al excepcional trabajo del director de fotografía Sven Nykvist. La hora del lobo está comúnmente relacionada, tanto temáticamente como por su dosis experimental en la narración, con algunas otras películas de Bergman durante este periodo como Persona (1966), La vergüenza (Skammen, 1968) o Pasión (En passion, 1969). En La hora del lobo, Ingmar Bergman continúa experimentando con lo metafílmico al incluir durante los títulos de crédito sus propias órdenes a los actores durante el rodaje, para comenzar con el personaje de Liv Ullmann dirigiéndose directamente al espectador, algo similar a los experimentos metafílmicos que ya hiciera en Persona o a los que haría en Pasión. Ingmar Bergman se inspiró en los cuentos de E.T.A. Hoffmann y en algunas pelúclas de de F.W. Murnau, para dotar al relato y a su puesta en escena del ambiente terrorífico y expresionista. La hora del lobo ganó el premio al mejor director de la National Society of Films Critics de los Estados Unidos y el premio a la mejor actriz para Liv Ullmann por la National Board of Review de Nueva York.

Por último, el lunes 29 de octubre se proyectará Gritos y susurros (Viskningar och rop, 1972). Gritos y susurros fue un película que Bergman deseó realizar durante mucho tiempo, ansioso por continuar la experimentación en la que se había embarcado en anteriores películas de su filmografía como El silencio (Tystnaden, 1963) o Persona (1966). Ingmar Bergman estaba especialmente interesado en continuar experimentando junto al director de fotografía Sven Nykvist en el color y la iluminación, para "encerrarse realmente en el laboratorio". La idea germinal, la primera imagen que tuvo el cineasta sueco, fue la de una habitación completamente roja con mujeres vestidas de blanco en su interior. A partir de esta imagen/idea, Bergman escribió un relato ambientado en una mansión de finales del siglo XIX, sobre la relación familiar entre tres hermanas mientras una de ellas, Agnes, interpretada por Harriet Andersson, lucha contra un cáncer de útero terminal. Anna, la criada de la familia (Kari Sylwan) se mantiene cercana a ella, mientras que las otras dos hermanas, Karin y María, interpretadas por Ingrid Thulin y Liv Ullmann respectivamente, confrontan su distancia emocional la una con la otra. En Gritos y susurros, Ingmar Bergman reformula de nuevo sus obsesiones personales con temas como la muerte, el matrimonio, la existencia de Dios, la condición humana, la psicología y simbolismo femeninos o la búsqueda de significado en el sufrimiento que incluye algunas alusiones bíblicas. La maestría de Sven Nykvist en la dirección de fotografía se vio reflejada en la película desde los delicados encuadres de los rostros hasta la cuidada variedad de color rojo que ofrece la película; Nykvist expresó en una entrevista que "cada una de las habitaciones tiene un tono de color rojo diferente; puede que los espectadores no sean conscientes de ello mientras vean la película, pero lo sentirían". A principios de los 70 las películas de Bergman eran difíciles de comercializar y por lo tanto el capital extranjero no estaba disponible para financiar la película, por lo que Bergman decidió rodar la película en sueco y no en inglés —como su anterior película, y única producción estadounidense, La carcoma (The Touch, 1971)—, y financiar a Gritos y susurros a través de su propia productora, Cinematograph. Bergman invirtió ahorros personales de 750.000 coronas suecas y consiguió préstamos de 200.000 coronas suecas, aunque también tuvo que pedir al Instituto de Cine Sueco apoyo con el presupuesto de 1,5 millones de coronas suecas. Para ahorrar costes, las actrices principales y Sven Nykvist dieron su sueldo como un préstamo y fueron nominalmente coproductores. Bergman escribió: "Hoy siento que en Persona y luego en Gritos y susurros había ido lo más lejos que pude, y que en estos dos casos, cuando trabajaba en total libertad, tocaba secretos sin palabras que sólo el cine puede descubrir". Tras su estreno en los Estados Unidos, donde la distribuyó Roger Corman y New World Pictures, el largometraje debutó en Suecia y se proyectó, fuera de competición, en el festival de Cannes de 1973. A diferencia de las dos películas anteriores de Bergman, Gritos y susurros fue un éxito tanto comercial como de crítica, y recibió cinco nominaciones a los Óscar, incluyendo una a la mejor película —algo poco usual para una cinta extranjera— convirtiéndola, así, en la cuarta película de habla no inglesa en recibir dicha nominación. Sven Nykvist ganó el Óscar a la mejor fotografía por Gritos y susurros, gracias su extraordinario trabajo en la película.

Todas las proyecciones serán a las 20:00 en el Auditorio de la Casa de Cultura de Sant Joan d’Alacant, en versión original subtitulada y con entrada gratuita. Os esperamos.

La Filmoteca.


TRÁILER PROMOCIONAL 
"100 AÑOS DE INGMAR BERGMAN"



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