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PRÓXIMO CICLO: "MIRADAS FEMENINAS"

lunes, 5 de marzo de 2018

Wanda de Barbara Loden


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.


«Barbara Loden llega al meollo del problema, que es ¿a dónde vas después de rechazar la única vida que la sociedad te permite? Y una vez que una mujer se gana su libertad, ¿qué puede hacer con ella? La respuesta: nada en ningún sitio.»

Marion Meade (New York Times, 25 de abril de 1971).


La vida de la actriz y cineasta Barbara Loden fue lo suficientemente dramática como para convertirse en una película de Hollywood. Sobrevivió a una infancia sureña muy dura; se mudó a Nueva York a los 16 años, donde fue modelo y bailarina de discoteca; luego ganó un premio Tony, se casó con el también director Elia Kazan y, en 1970, escribió, dirigió y protagonizó su propia película, la arriesgada y realista Wanda, antes de morir de cáncer diez años después, a los 48 años.

Ganadora del Premio de la Crítica en Venecia en 1970, Wanda fue un éxito a nivel cinéfilo que no logró entusiasmar en taquilla. Rodada en 16 mm con un estilo 'cinema-verité' muy granulado, se estrenó en el Cinema II de Nueva York y no salió al resto del país. Diez años después, la película ya había sido olvidada en Estados Unidos, y, sin embargo, continuaba su admiración por ella en Europa. Prueba de ello fue su proyección en eventos como el de "Mujeres y cine" del Festival de Cine de Edimburgo de 1979.

En la película se recorre una norteamérica desamparada como pocas se recuerdan. Por su año de estreno, se la ha comparado con Mi vida es mi vida (Five Easy Pieces, 1970) de Bob Rafelson, el cine de John Cassavetes o las road movies de amantes a la fuga, partiendo de un punto de vista femenino único por la crudeza de sus expectativas.

Wanda es un drama sobre la deriva de una mujer al margen de la sociedad, elaborado mediante técnicas de improvisación que lo aproximan al enfoque documental. Ambientada en las regiones carboníferas de Pensilvania, la película se centra en una ex-ama de casa desempleada y de vida errante que asume su posición como si de una condena irrebatible se tratara. Todo lo que escuchamos de ella en boca del resto de personajes son críticas durísimas y las reacciones de Wanda son prueba de un claro abatimiento, de que ya lo ha perdido todo y sus esperanzas de recomponerse han quedado anuladas.

Según confesó la propia Barbara Loden, y al margen de su reconocible influencia autobiográfica, Wanda también se inspiraba en un artículo periodístico sobre una mujer declarada culpable de ser cómplice de un atraco a un banco. Al parecer, cuando el juez sentenció a la mujer a 20 años de prisión, ella se lo agradeció. "Eso es lo que me llamó la atención: ¿por qué se sentiría contenta de que la encerraran?", dijo Loden en una entrevista en 1974.


Cartelería internacional de Wanda.


La apariencia naturalista de la película se compone con ayuda del director de fotografía y editor de la película, Nicholas T. Proferes. Basándose en el trabajo que había hecho con el documentalista D. A. Pennebaker, Proferes quedó impresionado por la iniciativa y las ganas de Barbara Loden, ansiosa por superar su pasado y convertirse en una creadora independiente.

Como actriz, Loden habita el personaje de Wanda con una naturalidad completa, ya que era una historia que hacía suya y a la que añadía un carácter y un perfil psicológico difíciles de apreciar en la gran pantalla por un público acostumbrado a unos roles femeninos completamente diferentes. Viendo como Wanda se desplaza de una ciudad a otra con el primer sujeto que se le presenta, podríamos entenderla como a una mujer empoderada que busca alejarse de los roles de esposa y ama de casa con los que no se conforma. Sin embargo, Loden sugiere que detrás de su aparente libertad continúa habitando un comportamiento manso, débil y dependiente en lo emocional.

A partir de su encuentro con Norman Dennis (Michael Higgins), la película resulta ser uno de los estudios más perceptivos de co-dependencia de su época. La relación que mantienen se intensifica hasta tal punto que ella lo ayuda a atracar un banco, pero todo se escenifica con una sensación obvia de fatalidad. Llegados a tal punto, Wanda rompe por completo con el glamour romántico de la pareja de criminales tradicional y, en cambio, cristaliza todos los problemas que los dos personajes han exhibido hasta ese momento.

Queda claro que Wanda no tiene ninguna sintonía con otras películas de amantes a la fuga como Loca evasión (The Steven Spielberg; Sugarland Express, 1974), Malas Tierras (Terrence Malick; Badlands, 1973), Ladrones como nosotros (Robert Altman; Thieves Like Us, 1974) o Bonnie & Clyde (Arthur Penn; 1967). La embriaguez estética de esas películas no es compatible con los esquemas de Wanda, donde los delitos carecen de cualquier emoción contracultural. Anteriormente a Wanda, la evolución técnica del Hollywood de los años 70 se acompañó de un enfoque diferente de la figura del 'outsider', y mientras que los 'noirs' de los años 30 y 40 lo habían representado como urbano y alienado, el "Nuevo Hollywood" de finales de los 60 añadió al mismo arquetipo una notable dosis de glamour y violencia sensacionalista. El ejemplo más reconocible fue el creado por Arthur Penn en su versión de la historia de Bonnie Parker y Clyde Barrow, que incluía a estrellas muy taquilleras de la talla de Warren Beatty y Faye Dunaway. En el estreno de Wanda, Loden tuvo que lidiar con las comparaciones constantemente, y responder que escribió el guión unos diez años antes de que Arthur Penn hiciera Bonnie & Clyde. "No me importaba porque era poco realista y daba glamour a los personajes [...]. Gente así nunca entraría en esas situaciones ni llevaría ese tipo de vidas; eran demasiado bellas [...]. Wanda es anti-Bonnie & Clyde".


La película se centra en Wanda Goronsky, una mujer divorciada recientemente que se enreda con un ladrón de bancos con las consecuencias que ello conlleva.


Loden es más crítica con sus personajes que la mayoría de directores independientes, y niega a su audiencia la posibilidad de admirar a su personaje principal por acciones que no sean otras que las motivadas por su instinto de supervivencia. Aunque como directora sintiese simpatías por su protagonista, su interpretación es tan pasiva que incomoda, y no existen mensajes motivacionales a los que dar respaldo.

La baja condición de Wanda Goronski como ama de casa convertida en vagabunda permite también una comparación con Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles de Chantal Akerman (1976), una película mucho más referenciada en las teorías sobre el feminismo en el cine. Si bien es cierto que Akerman demostraba ser una cineasta muy precisa en su visión de una ama de casa prostituta, la alienación de ambas protagonistas puede leerse como el reverso de una misma moneda. El "valor de mercado" de ambas mujeres dependía de lo buenas que eran en el trabajo doméstico y de su capacidad para agradar a los hombres, buscando la fórmula que las ayudara a evitar su ansiedad. Una se encierra en su apartamento y en una rutina perfectamente planificada, asegurándose de limpiar hasta la última mota de polvo en cada mueble; la otra flota en el mar de su propia insignificancia, aferrándose a hombres indignos para evitar ahogarse. Ambas muestran momentos inesperados de resiliencia y reservas de fuerza que acaban por no servir de nada en un mundo donde las cartas ya estaban echadas en su contra. Sin embargo, hay una diferencia importante y conmovedora entre las dos películas, que puede explicar por qué solo Jeanne ha conseguido ser recordada como una heroína. En la película de Akerman, los hombres son simples bocas insatisfechas a alimentar, y se insinúa un espacio utópico modelado únicamente por los deseos y necesidades de las mujeres. En el espacio narrativo de Wanda, sin embargo, los hombres proyectan una sombra gigantesca. Aunque Loden no emplea demasiados trazos para definir al hombre protagonista, esas limitaciones conducen directamente a observar con más claridad el estado irreflexivo de Wanda.


Basándose en influencias tan diversas como el neorrealismo italiano y el cine de Shirley Clarke o John Cassavetes, Wanda retrata unos Estados Unidos llenos de miseria.


Y luego, por supuesto, estaba el Elía Kazan, 23 años mayor, y que siempre se refirió a ella con una mezcla de afecto y condescendencia, enfatizando su sexualidad y su combatividad. El director de origen griego afirmaba haber escrito la idea original de Wanda "como un favor que estaba haciendo por ella, para darle algo que hacer", aunque luego "lo reescribió muchas veces, y se convirtió en el de ella", dijo. Casada con él hasta su muerte, convivieron con períodos de distanciamiento evidentes, que hacen pensar en la película como la metáfora de una relación que no fue fácil a nivel profesional. Si sumamos las dificultades de expresarse como actriz y como cineasta que encontró durante toda su carrera, no extraña que una película como Wanda fuera lo único que Barbara Loden pudo hacer, en un momento en el que su incomprensión dentro del negocio cinematográfico era total. Loden interpreta el papel protagonista sin artificio o vanidad, y convierte la anomia de su personaje en su característica definitoria, con un estilo que no podría diferenciarse más de los melodramas de Kazan a los que estaba acostumbrada. El que fuera su marido siempre dispuso actuaciones hipersexualizadas para Loden, como es el caso de Esplendor en la hierba (Splendor in the Grass, 1961) o de la obra teatral Después de la caída (Arthur Miller; After the Fall, 1964). Aunque podría haber explotado ese filón en otras películas de gran presupuesto, no hace falta tener mucha más información para concluir que Barbara Loden no quiso ser una nueva Marilyn Monroe.

Es una pena que no llegara otra película de Barbara Loden, y su caso no es trágico solo porque una directora tan talentosa muriera demasiado joven, sino también por ver que una carrera tan prometedora se había visto reducida al silencio. La voz de Loden parecía condenada al borrado histórico si no fuera por el abanico de figuras del séptimo arte como la actriz Isabelle Huppert, que defendió el lanzamiento en DVD de Wanda en Francia, o el cineasta John Waters, quien presentó la película en su selección anual dentro del Festival de Cine de Maryland en 2012.

Gucci y The Film Foundation colaboraron en la restauración de la película para el 67º Festival Internacional de Cine de Venecia y el National Film Registry la ha seleccionado recientemente para su preservación en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, por ser "culturalmente, históricamente o estéticamente significativa".

Notable como primera película debido a la madurez que muestra, Wanda se confunde en un paisaje de atmósfera deprimida, pero capaz de albergar una historia disciplinada que dista mucho de ser insignificante. A pesar del camino relativamente simple de su trama, Wanda no es una divagación, es la visión precisa de una artista que proviene de entornos tan sombríos como los que habitan sus personajes principales.



Toni Cristóbal


Vídeo introductorio a Wanda
por Toni Cristóbal.








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