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lunes, 19 de febrero de 2018

Plácido de Luis García Berlanga


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«La verdad es que yo nunca sé lo que dicen mis películas ni lo que quiero. Yo digo ‘vamos a hacer una película de pobres y ricos’, pero no tengo en ese momento ningún concepto demagógico. En definitiva, Plácido viene a decir que cada uno, pobre o rico, va a lo suyo, que abandona a los demás en el momento en que deben abandonarlos, es decir, cuando los otros más lo necesitan.»


Luis García Berlanga.


Fundamental en la filmografía de Luis García Berlanga, Plácido es una de las obras maestras indiscutibles del cine español. Una película que significó para el cineasta valenciano un punto de inflexión marcado por su primera colaboración con el guionista Rafael Azcona. Basada en una idea original de Berlanga, surgida a partir de una campaña ideada por el régimen franquista, bajo el lema «siente un pobre a su mesa», el guion de la película fue tomando forma bajo la mordaz escritura de Azcona con la colaboración de José Luis Colina y José Luis Font. La campaña franquista pretendía fomentar en el pueblo español un sentimiento de caridad cristiana hacia los más desfavorecidos, aunque, en realidad, tan solo escondía una manera de limpiar las conciencias burguesas. Bajo la producción de Alfredo Matas al frente de Jet Films, la película fue rodada en la localidad catalana de Manresa. Titulada en un principio Siente un pobre a su mesa”, como la campaña original, antes de su estreno la película tuvo que pasar el examen de la Junta de Clasificación y Censura de la Dirección General de Cinematografía y Teatro. Dicha Junta exigió cambiar el título por otro, eligiéndose así el de Plácido, nombre del protagonista. Berlanga retomó su carrera cinematográfica en 1961 con Plácido, tras cuatro años de forzada inactividad desde el estreno de su anterior película en 1957, Los jueves, milagro, marcados por varios encontronazos con la industria y la censura, y lo hacía estableciendo su discurso satírico definitivamente en el retrato del caos y del esperpento social.


Cartelería internacional de Plácido.


De nuevo, Berlanga se servía de un marco provinciano para delatar la hipocresía y falsedades burguesas, así como el arribismo de unas clases explotadas en pos de su supervivencia, mediante el ataque directo, esta vez, al concepto de la caridad cristiana. Bajo este contexto, en Plácido, unas beatonas del municipio preparan para la Nochebuena una campaña de recogida de menesterosos bajo el lema “Siente un pobre a su mesa”. La iniciativa va aderezada por una colosal parafernalia patrocinio de las ollas Cocinex: cabalgata de pobres, estrellas de cine llegadas ex profeso de Madrid, subasta pública de convidados y retransmisión radiofónica. La supervisión del evento corresponde a Gabino Quintanilla, “el de las serrerías”, interpretado por José Luis López Vázquez, para lo cual se hace con los servicios del recién adquirido motocarro de Plácido Alonso, interpretado por el humorista catalán Casto Sendra, más conocido como Cassen, que debutaba en el cine con el papel protagonista. Sin embargo, a pesar de la presión de Quintanilla y del circo montado en el municipio con ocasión de la campaña, lo único que anhela Plácido durante toda la jornada navideña es conseguir el dinero necesario para poder pagar al banco la letra de su vehículo. En su odisea para hacer efectivo el pago de su letra, verá cómo su motocarro se convierte en un medio de transporte multiusos que lo mismo sirve para anunciar por megafonía el evento que para hacer las veces de coche fúnebre.

Berlanga se mueve como pez en el agua en ese cine coral tan querido por el cineasta valenciano, del que ha sido maestro y referencia absoluta. Alrededor de los personajes interpretados por Cassen y López Vázquez, Berlanga y Azcona perfilaron un montón de personajes secundarios, juntos, y revueltos, entre ricos, pobres, agraciados y menos agraciados. Entre el elenco interpretativo, plagado de muchos de los mejores intérpretes del cine español, destaca, por ejemplo, un genial Manuel Alexandre dando vida a Julián Alonso, el hermano cojo de Plácido; también, Luis Ciges, en el papel de un pobre que se pone morado a comer a costa de la impostada caridad de sus solventes benefactores de turno. Inolvidable también es la interpretación de Elvira Quintillá, como la esposa de Plácido, siempre con un bebé en sus brazos, mientras regenta los baños públicos.


El retrato del caos y del esperpento social en Plácido es continuo, con secuencias inolvidables siempre plagadas de personajes secundarios extraordinariamente perfilados.


Plácido consolidó el personalísimo estilo de Berlanga, con el empleo de un reparto coral, elaborados planos-secuencia y un notable contraste entre imagen y sonido. Pero, sobre todo, marcó el principio de su relación profesional con Rafael Azcona, a quien Berlanga situaba al mismo nivel que Cesare Zavattini en Italia o Jacques Prévert en Francia, entre otros. Azcona aportaría a los guiones de las películas de Berlanga el tono amargo, ácido y pesimista. Berlanga, quien ya conocía a Azcona por su trabajo en revistas como “La Codorniz”, se quedó absolutamente prendado y fascinado por el guionista logroñés tras ver El pisito (1959) de Marco Ferreri. El mismo año del estreno de El pisito, 1959, Berlanga supervisaría un proyecto piloto para Televisión Española, escrito por Azcona y dirigido por Juan Estelrich titulado Se vende un tranvía. Al año siguiente, Azcona le ofreció a Berlanga la adaptación al cine de un relato suyo titulado El paralítico y, curiosamente, Berlanga lo rechazó; tras ello, Azcona contactó con Marco Ferreri quien aceptaría el proyecto de adaptar el relato en El cochecito (1960). Tras ver El cochecito, Berlanga se arrepintió de no haber aceptado la propuesta de Azcona. Finalmente, la colaboración entre ambos se haría realidad en el cine con Plácido. Desde entonces, el tándem Berlanga-Azcona continuaría durante cerca de tres décadas, hasta 1987 con la película Moros y cristianos. Sin embargo, a pesar del valor único e innegable de su trabajo junto a Berlanga y otros cineastas, el propio Azcona siempre se enmarcó como autor tan solo en las labores de escritura de guiones, alejado de la dirección:

«Las películas son de los directores, mientras que el guion es como el encofrado de un edificio, que tiene que estar, pero no se puede notar. Una vez terminado el guion se lo entrego al director y ya no quiero saber más de la película, porque un guionista en un rodaje es un alienígena que solo estorba. Escribo guiones porque me resulta más fácil que escribir novelas.»

Berlanga siempre trató de evitar el calificativo de comedia negra para definir su obra, a su parecer, un término muy americano; al contrario, se refería a su particular estilo de comedia como el propio derivado de la picaresca puramente española. El cine berlanguiano, repleto de frases y diálogos extraordinarios, parte, sin embargo, de la premisa de la incomunicación social para retratar una sociedad en la que todos tienen algo que decir, pero en la que nadie parece escuchar a los demás. Tal es la exacerbación de esta premisa en las películas de Berlanga, que éste llegó a decir que “eran imposibles de doblar y mucho menos subtitular”, y, quizá, por ello la repercusión internacional del cine de Berlanga estuvo algo mermada, en comparación con muchos cineastas de similar estilo, sobre todo italianos. Como anécdota al respecto, Berlanga explicó que durante la proyección de Plácido en el Festival de Cannes, los espectadores se marchaban de la sala porque “no aguantaban aquel murmullo continuado”. Por otra parte, Berlanga afirmó que Plácido fue una película de denuncia muy de su “tripa”, muy importante para el cineasta valenciano, en la que el espectador se reiría pero menos que en otras de sus películas, debido precisamente a la crudeza de las situaciones que se plantean en la película y a la naturaleza de su ácida crítica sobre la enorme brecha entre clases, en el contexto de la sociedad española de inicios de los años 60.


Rafael Azcona (izquierda) y Luis García Berlanga (derecha). El tándem Berlanga-Azcona comenzaría con Plácido en 1961 y continuaría durante cerca de tres décadas, hasta 1987.


En Plácido, todos los personajes son víctimas de las debilidades de unos y al tiempo cómplices de las de otros. Nadie sale bien parado en su ácido retrato de Berlanga y Azcona, ni pobres ni ricos ni intermediarios. En este sentido, resulta imprescindible emparentar a Plácido con otra obra maestra del cine español estrenada, curiosamente, ese mismo año, en 1961, como es Viridiana de Luis Buñuel.

Plácido compitió por la Palma de Oro en el Festival de Cannes y fue nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. En 1985, durante una entrevista para el programa de Televisión Española “Ahí te quiero ver”, Berlanga afirmó lo siguiente respecto a los Óscars y su experiencia en Hollywood durante los días que precedieron a la ceremonia:

«Para mí ya era un maravilloso premio el hecho de ser nominado. Representaba para aquella época un viaje a Hollywood y mis dos ‘azafatas’ fueron ni más ni menos que Jayne Mansfield y Angie Dickinson. Estar una semana con ellas ya era el mejor premio que podía recibir un director español en aquella época.»

En Plácido, Berlanga disecciona una sociedad hipócrita, mezquina y provinciana; una sociedad de doble moral, donde lo más importante son las falsas apariencias. Un retrato despiadado e inmisericorde de la España de pandereta, profunda y negra que desgraciadamente sigue vigente en amplios sectores de la sociedad española actual.



Javier Ballesteros


Vídeo introductorio a Plácido
por Javier Ballesteros.








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