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Red Army de Gabe Polsky


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«Esta película lúdica y conmovedora presenta una historia humana que trasciende décadas, fronteras e ideologías.»

Time Magazine.


Crecido en Chicago e hijo de emigrantes ucranianos, Gabe Polsky se formó jugando al hockey. A los 15 años quedaría fascinado con un VHS encontrado en un cajón, en el que se podía ver un partido de un equipo soviético conocido como "Red Army".

"Fue como una experiencia religiosa, algo profundo. La forma en que jugaban era toda una revolución creativa, fue como ver a Picasso por primera vez, o como si vivieras en un mundo en blanco y negro y de repente llegara el color", describe.

El Sr. Polsky aterrizó en la Universidad de Yale y luego en Los Ángeles, donde él y su hermano, Alan Polsky, dirigieron The Motel Life (2012), una cinta que trataba a su vez sobre hermanos. También ayudaron a producir Jerry Weintraub, el productor de las estrellas (His Way, 2011), un documental sobre el productor Jerry Weintraub, e hicieron lo mismo con Teniente corrupto (Bad Lieutenant: Port of Call New Orleans, 2009), dirigida por Werner Herzog. Tanto Weintraub como Herzog le devolverán el favor posteriormente uniéndose a Red Army. La guerra fría sobre el hielo (Red Army, 2014) como productores ejecutivos. Un documental deportivo en el que Gabe Polsky se desliza entre lo personal y lo político mientras relata cómo Viacheslav Alexandrovich "Slava" Fetisov, defensa retirado y ex capitán del equipo nacional de la URSS de Hockey sobre hielo, se sacrificó en cuerpo y alma por y para su país.

Como coproducción estadounidense-rusa de 2014 dirigida, producida y escrita por Gabe Polsky, Red Army es la mejor manera de recordar una formación que se llegó a conocer como “Los Cinco Rusos”, y que realmente hacía referencia a diferentes equipos, separados pero relacionados por cinco de sus jugadores. También conocidos como la Unidad Verde, primeramente fueron un orden de jugadores que se integraban tanto en el CSKA de Moscú como en los equipos nacionales soviéticos de hockey de la década de 1980. Su alineación más repetida incluía a Slava Fetisov y Alexei Kasatonov como defensas, y Vladimir Krutov, Igor Larionov y Sergei Makarov en la delantera. Los cinco dominaron el hockey nacional e internacional durante casi una década antes de separarse a principios de los 90 y acabar conformando una segunda unidad que jugó para los Detroit Red Wings en los siguientes años.


Cartelería internacional de Red Army.


En América del Norte, sería el Festival Internacional de Cine de Toronto el primero en estrenar Red Army en 2014. En los cines estadounidenses se pudo ver gracias a Sony Pictures Classics pero, sobre todo, destaca su paso por la sección de proyecciones especiales del 67º Festival de Cine de Cannes (2014).

Red Army también fue incluida en las selecciones oficiales de los festivales de cine más importantes de Telluride, Nueva York y Moscú durante el año de su estreno y ganó el Premio del Público en los de Chicago, Middleburg y en el festival de cine del AFI.

El debut como único director de Gabriel Polsky en forma de documental lúdico combina de forma ingeniosa y fluida una historia deportiva con un claro atractivo que va más allá de la afición por el hockey. El tono es alegre por momentos, pero con toques de tragedia personal e intriga política que agregan una atmósfera semejante a la de un thriller.

Entretejiendo secuencias de archivo de las décadas de 1970 y 1980 con entrevistas actuales, Polsky conversa con antiguas estrellas deportivas, retirados de la KGB, periodistas y burócratas veteranos filmando con pulso y sobreponiéndose a sus déficits periodisticos. Su entrevista estrella es la hecha a Viacheslav "Slava" Fetisov, ex capitán de la selección nacional soviética que se hizo de rogar hasta el último momento y acabó cediendo a ser entrevistado ya con la película muy avanzada. Su colorida carrera como doblemente ganador de la medalla de oro olímpica, entre otros muchos logros, le proporciona a Red Army su espina dorsal narrativa.

La historia de Fetisov esta llena de triunfos, confrontaciones con sus superiores comunistas y amargos desencuentros con antiguos camaradas. Cuando la antigua URSS se deshizo en una bancarrota política y financiera, Fetisov rechazó ofertas enormemente lucrativas que le obligaban a desertar para poder ir a la NHL norteamericana. Finalmente se le permitió ir sin mediar chantaje, e iniciar así una carrera en los EE. UU. formando parte de los New York Devils y de los Detroit Red Wings, enfrentándose a la hostilidad y la nostalgia a partes iguales. En aquel cambio, el elegante trabajo colectivo que brillaba bajo el comunismo comenzó a desmoronarse bajo un estilo de juego brutal e individualista, imperante en Occidente.

Al igual que la política más belicista, el deporte era la guerra por otros medios. Fetisov asiste a una combativa entrevista en la que se pone a prueba su orgullo, prodigioso pero desinteresado, haciendo caso omiso de las preguntas más incómodas de Polsky con astucia y sarcasmo. Probablemente, la audiencia no rusa se vea sorprendida por lo acontecido recientemente con la carrera de Fetisov, que queda revelado al final de la película. Sin entrar en spoilers, Vladimir Putin es uno de sus mejores amigos.

Incorporando unos clips muy vintage de Ronald Reagan y Mikhail Gorbachev, además de elegantes animaciones herencia del arte gráfico soviético, Red Army cuenta una historia tremendamente jugosa con mucho brío. La banda sonora aporta folclore y se juega con clichés del Este que siempre nos han producido simpatía sin socavar los antecedentes personales y psicológicos de los jugadores, que elevan a fascinante este documental histórico por encima de sus elementos ligeramente caricaturescos. Polsky sirve un plato abundante de recuerdos de los tiempos de la Guerra Fría sin caer en la comodidad y en las certezas más simples.


Polsky muestra su fascinación por la destreza de juego en equipo del Red Army, el Bolshoi del hockey.


Armas de destrucción masiva, carreras espaciales y hockey: se trata de los campos de batalla más recordados de la Guerra Fría. Ganar a tus rivales en la pista de hockey suponía una concienciación absoluta de que tu país había descubierto la mejor forma de vida.

Vyacheslav "Slava" Fetisov comenzó a competir en partidos internacionales a los 16 años. Su progresión como atleta le hacían el peón ideal para la propaganda procomunista de la Unión Soviética y de su sociedad socialista. El dilema era ser un héroe nacional y a la vez estar en peligro. Que se le viera como a un traidor era el menor de los problemas, por que al ver Red Army como un estudio de la trayectoria profesional de Fetisov queda patente la cautivadora mirada de Polsky arrojada sobre los extremos del entrenamiento, los peajes de la intimidación gubernamental, el deporte como herramienta del nacionalismo junto a la calamitosa transición de la URSS hacia la Rusia de Putin.

Cierto es que las historias de Fetisov sobre los espías de la KGB y el entrenamiento implacable ("había jugadores que orinaban sangre") se ajustan bastante bien a la narrativa estadounidense sobre la vida bajo el leninismo y el temor que ejercía sobre la población. El material de archivo incluye testimonios como los de un Wayne Gretzsky atemorizado; "¡No se puede competir! ¡Es muy difícil!", expresaba el ex jugador canadiense sobre el Ejército Rojo.

Entonces volvemos, una y otra vez, a ese examen continuo que hace la película para entender al Hockey como un instrumento político, agitado con vehemencia por quienes consideraban que el sistema soviético era el mejor. Y sin dejar a Polsky caer en la parcialidad, se compensa al espectador presentando un lado estadounidense que proclama de manera similar que sus victorias en el terreno de juego ejemplificaban la superioridad de su forma de vida.


La rivalidad y la presión competitiva llegó a establecerse en el terreno ideológico.


En medio del magma de relaciones políticas, el tramo protagonizado por Viktor Tikhonov se torna, sin duda, en el más fascinante de la película. Como entrenador del Ejército Rojo, Tikhonov exigía que sus jugadores vivieran en una especie de cuartel militar de hockey durante 11 meses al año. Las distracciones personales o familiares quedaban prohibidas y sus medidas eran tan extremas que los atletas estaban tentados de echar por la borda sus actuaciones para poder quedar al margen de tal castigo.

El ex entrenador Tikhonov se niega a ser entrevistado y nos deja con las ganas de escuchar su versión. Con él y sus defensores la narrativa de la película podría haber adquirido un interés añadido, en caso de que lograran justificar una relación que roza el esclavismo como la mejor para llevar a Moscú muchos más trofeos. Por el contrario, Polsky salvaguarda el talento del quinteto ruso haciendo prevalecer el éxito de su técnica desde un punto de vista más filosófico que científico. La danza, el ajedrez, la literatura, el circo, la pintura o el arte se vislumbran en un estilo de juego que surge primero del ingenio, y que estaba por encima de la victoria o de la derrota. Su cometido era crear una nueva experiencia apasionante capaz de cambiar la manera de ver el deporte en equipo.

El nacimiento de estas ideas revolucionarias se produce entre las ruinas de la URSS de posguerra bajo la mirada del “padre del hockey ruso” Anatoly Tarasov, entrenador, autor y Hombre del Renacimiento. Dijo de él Fetisov que, efectivamente, "era un filósofo y, como orador, era increíble; nunca escuché a nadie como él expresando con palabras lo que quería ver y escuchar de ti".

Tarasov fue entrenador del Ejército Rojo, el nombre popular del CSKA de Moscú, y del equipo nacional soviético, que se nutría de casi toda la formación del CSKA. Fue despedido en 1972, tras los Juegos Olímpicos de Invierno de Sapporo (Japón), bajo la presión y la propaganda del gobierno. Su lugar lo ocuparía Viktor Tikhonov, de la mano del KGB. "Podrías comparar a uno y otro con Marx frente a Stalin", señala Polsky.

La película nos devuelve así a una triste realidad. Y es que durante la Guerra Fría ya no se podía ser sólo un jugador de hockey, debías ser por encima de todo un soldado. Durante décadas, después de la Segunda Guerra Mundial, el equipo internacional de hockey soviético gobernó el mundo pero, al estar afiliados a una selección nacional, sus jugadores realmente eran peones del KGB.

Red Army es la historia de una dinastía dentro del Hockey que ha sido capaz de ampliar la visión que tenemos de la historia de la Unión Soviética y de sus miserias durante sus años de decadencia, haciéndola interesante incluso odiando un deporte con el que no estamos muy familiarizados.



Toni Cristóbal


Vídeo introductorio a Red Army
por Toni Cristóbal.