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PRÓXIMO CICLO: "CINE LGTB"

domingo, 19 de febrero de 2017

Under the skin de Jonathan Glazer


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«Estoy seguro de que el universo está lleno de vida inteligente... Demasiado inteligente como para venir.»

Arthur C. Clarke.


Una mujer atractiva conduce una furgoneta Transit blanca, y un hombre joven que se sienta a su lado como pasajero nos hace entender, gracias a su lenguaje corporal, el anhelo de sexo, o la promesa ociosa de conseguir algo similar. El espacio entre ambos se llena de morbosidad con la fuerza que sale el humo de una barbacoa. El hombre atiende al pelo de la chica y mira hacia sus pechos, mientras ella se ríe y le pregunta si vive solo. Es de noche, y el tráfico ruge a través de la carretera, con el ruido del motor de los coches encadenándose a cada paso. Entonces cambia el ángulo de la cámara; ahora vemos a la mujer sola en la furgoneta conduciendo con una mirada muy decidida. La huella de su anterior pasajero ha desaparecido en un cambio de plano.

La secuencia proviene de Under the Skin (2013), la asombrosa película del director británico Jonathan Glazer basada en la novela homónima de Michel Faber. Una película de ciencia ficción que tuvo que pasar por un montón de reescrituras y revisiones hasta poder hacerse realidad, con un guion original que no tenía nada que ver con el resultado final, ya que lo protagonizaba nada menos que Brad Pitt, quien se supone que interpretaría a uno de los dos alienígenas que habitarían en las Tierras Altas de Escocia. El resultado, por suerte, ha sido de una mayor brutalidad, con montones de preguntas planteadas a lo largo del metraje y un desarrollo que trata, esencialmente, sobre un asesino en serie extraterrestre. Una premisa de película de terror, pero con ritmos y texturas de algo muy diferente.


Cartelería internacional de Under the skin.


El acierto en los cambios empieza por 'urbanizar' el escenario y, sobre todo, por poner el foco en el personaje femenino, que finalmente interpreta Scarlett Johansson. La actriz neoyorquina es ahora el alienígena, que, de forma anónima, ronda por las calles de Glasgow buscando una presa fija: hombres. Una especie de prototipo de femme fatale, con un pelo negro ceniza, un abrigo de pieles frondoso y unos labios que brillan como la sangre.

Durante el transcurso de la película, se intuye que la protagonista se da cuenta de los problemas morales que tienen sus acciones y empieza a comprender a la humanidad. Su curiosidad la conduce a un rechazo de su misión, lo que provoca esa sensación de persecución, que no llega a concretarse, por parte sus superiores o creadores.

Pero la polisemia de lo que vemos en pantalla nos obliga a especular sobre múltiples significados, y el misterioso motorista, que la sigue constantemente, podría tratarse de cualquier cosa a ojos del espectador. Igualmente, el liquido oscuro y alquitranado en el que la mujer sumerge a sus víctimas podría ser su nido, una especia de telaraña, otra dimensión o incluso una representación visual de sensaciones vinculadas al sexo.

El personaje de Johansson, de inteligencia alienígena, adopta la forma de una mujer para recopilar información sobre los seres humanos, adaptándose a una identidad que le es ajena y que demuestra no terminar de entender. Desde luego no es como cualquier película de ciencia ficción que hayamos visto en los últimos años. Es más un retroceso a otros tiempos, en los que las películas de ciencia ficción eran extrañas y reflexivas, de digestión más lenta. Hoy en día, si dices ciencia ficción, la gente piensa en la saga Transformers.

Con las características de sus anteriores películas, Sexy Beast (2000) y Reencarnación (Birth, 2004), Jonathan Glazer mostró que era hábil como estilista y capaz de mezclar detalles propios de Buñuel, Polanski o Kubrick. Tras Under the skin no deja claro que quiera parecerse a cualquier otra cosa e incluso resulta complicado situarla en relación al cine actual.

El director inglés Jonathan Glazer nos invita a sumergirnos en una perspectiva alienígena del mundo humano con un reparto plagado de actores no profesionales y muchas de sus escenas filmadas sin guion o con cámaras ocultas a pie de calle, expresando también con cierta preocupación por la forma en la que desarrollamos nuestra sexualidad.


Under the skin subvierte como exploración de la sexualidad femenina en un escenario habitado por el miedo.


Con la puesta en escena principal, el alien se muestra vigilante y depredador, y se interpone bruscamente en las expectativas sexuales masculinas de sus presas, desproveyéndolas por completo de excitación, de tal modo que lo que en otro contexto podría engrosar nuestra apetencia sexual, a ojos de la cámara nos resulta avergonzante.

Por otra parte, en una lectura entorno a la controversia racial, tema común en la actualidad, el carácter de Johansson se interpreta como el de 'el inmigrante', y el propio título de la película haría las veces de lema antirracial. La película, ciertamente, nos obliga a pensar de nuevo sobre lo que realmente está dentro de nosotros: lo que nos hace humanos, más allá de la sangre, los huesos, los nervios y la carne. Y hay indicios de las respuestas cambiantes que encuentra Johansson a lo largo de su trayecto, y que provendrían, muy lentamente, de las personas que la rodean. La empatía, la cautela o la curiosidad sobre el cuerpo humano van más allá de lo que cabría esperar de un robot completamente ajeno a nuestra especie.

Pero su significado más reconocible llega experimentándola como un alegato feminista, y que haría que se tratase de una obra condenatoria en su manera de representar cuestiones como la vulnerabilidad de la mujer, la cosificación y la cultura de la violación, que se muestran en todo momento en un espacio común.

La mujer del principio es, supuestamente, la predecesora de Scarlett Johansson. Aparece muerta y su cuerpo inerte llega hasta su sucesora por mediación del motorista. En los ojos del cadáver se puede ver lo que parece una lágrima, y que podría ser el origen de una emoción humana, advirtiendo lo que podría suceder con la nueva protagonista. Antes de esta secuencia, asistimos al proceso de creación del alien, que permanece con una mirada de asombro mientras practica con el lenguaje. A partir de ese momento son sus ojos los que nos pueden dar todas las pistas de lo que pasa por su cabeza. Cuando el alien interpretado por Scarlett Johansson se da cuenta de su compasión por los seres humanos, lo vemos en sus ojos, y esa es, básicamente, la trama a descubrir en la película.

Este detalle en la progresión del personaje es una de las razones por las que asistimos a una atmósfera tan rica. Hay más ejemplos de los que cabría esperar, destacando escenas como la ya citada en referencia al nacimiento de la protagonista. Por su parte, también hay momentos para una belleza más gráfica, sin perder el carácter sugestivo. Es el caso del plano de las manos que se juntan en el vacío, que podrían ser una referencia a La Creación de Adán de Miguel Ángel.

Jonathan Glazer se deja absorber por las influencias de Nicolas Roeg o David Lynch, con algo de Gaspar Noé en los momentos más duros y tal vez se haga eco de la trascendencia que tuvieron obras como Blade Runner (Ridley Scott; 1982) o 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick; 2001: A Space Odyssey, 1968) en el marco de la ciencia ficción. Como director, Glazer destaca su habilidad para convertir exquisitos apartados visuales en poderosas historias, pero fue dirigiendo vídeos musicales para Radiohead, Jamiroquai y Massive Attack, donde Jonathan Glazer cultivó su reputación como creador de imágenes distintivas y resonantes.


Al alejarnos de la supuesta normalidad, Glazer nos obliga a identificarnos con la alteridad: la mujer que encarna Johansson es un depredador, pero también es, potencialmente, una víctima.


Después del despliegue visual de Sexy Beast y la subestimada Reencarnación la revisión de Under the skin, que lleva impresionando al público y a la crítica desde que fuera presentada en Telluride y en Venecia, nos lleva de forma irremediable a catalogarla como la consagración de uno de los mayores talentos audiovisuales de nuestro tiempo. El director inglés sólo cuenta con tres películas hasta la fecha, así que toca revalorizar todos los spots publicitarios y vídeos musicales, con los que tanto ha destacado, mientras esperamos a que nos vuelva a sorprender con otra incursión en el largometraje.

Cabe señalar que Glazer ha sido durante muchos años un referente en cuanto a la creación de anuncios comerciales, los cuales creaban unas expectativas en el terreno de la publicidad similares a las creadas por los aficionados al cine cuando se anticipaban en los medios las nuevas películas de Christopher Nolan o Quentin Tarantino. Son varios los spots comerciales y vídeos musicales que se consideran, en este terreno, como los Ciudadano Kane de su generación. Durante años, sus habilidades cinematográficas se adaptaban a estos formatos, más cortos, con el contenido y las características de lo que no deja de ser una pieza de autor, más allá de los objetivos comerciales de empresas como Guinness, Levi's, Sony bravia, Barclay's o Volkswagen, para los que iban dirigidos. Porque eso es lo realmente especial del director británico, que lo distingue de otros directores de este tipo añadiendo elementos oscuros, deslumbrantes y sugestivos, demostrando cariño por los paisajes urbanos nocturnos y las caras inusuales, mostrándose abiertamente influenciado por Kubrick, encontrando lo extraño en lo cotidiano. Incluso en sus planos más simples tiene una visión incomparable de las imágenes fijas, aunque también una intuición innata para traducir el movimiento en belleza, lo que logra que su trabajo sea dinámico e icónico.

La banda sonora de Under the skin, compuesta por Mica Levi, contó con la producción de Peter Raeburn (que sugirió a Glazer trabajar con Levi). Glazer quería que la música expresara los sentimientos de la protagonista al experimentar por primera vez cosas como la comida y el sexo, y dirigió a Levi con indicaciones como "¿Qué suena como estar en llamas?" o "Imagina la reacción un poco complicada de alguien cuando le hacen una broma que no es muy buena". Las secuencias que usan menos música sirven para enfatizar los sonidos del mundo natural que experimenta el personaje de Johansson.

Principalmente, Levi utilizó una viola para componer y registrar grabaciones durante diez meses, inspirándose en Giacinto Scelsi, Iannis Xenakis, John Cage y la música que suena en los clubes de striptease. Buscó sonidos naturales e "identificables como humanos", y luego alteró el tono y el tempo de sus grabaciones para "hacerla sentir incómoda". Juntó cuerda, percusión, distorsiones, cambios de velocidad y el choque de diferentes sonidos para crear una música seductora, pervertida y compasiva.

Un trabajo muy elogiado para una banda sonora inquietante y atmósferica que se combina con el resto de virtudes, en una adaptación compleja, pero sencilla, condenatoria, pero misericordiosa, y, sobre todo, consciente de nuestro salvajismo. Y es en esta imagen conflictiva de la humanidad donde reside la riqueza de Under the skin, una película distinta que se convertirá en clásico.



Toni Cristóbal



Vídeo introductorio a Under the skin
por Toni Cristóbal.




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