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PRÓXIMO CICLO: "HISTORIA DE LA URSS"

domingo, 22 de enero de 2017

El maquinista de La General de Buster Keaton


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«El cine es el tren eléctrico más grande que cualquier niño haya tenido.»

Orson Welles.


Son muchos los que se sienten decepcionados cuando ven por primera vez El maquinista de La General (The General, 1926) porque han oído que es una de las películas más divertidas que se han hecho. No lo es. Keaton hizo muchas otras películas que como muestras de humor hilarante son mucho más modélicas, incluyendo El moderno Sherlock Holmes (Sherlock Jr., 1924), El navegante (The Navigator, 1924), y Siete ocasiones (Seven Chances, 1925), todas ellas disponibles gracias a Kino. Lo de “La General” es otra cosa, una parodia histórica establecida durante la Guerra Civil.

Aunque en un primer momento se desmoronara en taquilla arruinando parte de su carrera, Buster Keaton siempre consideró El maquinista de La General como su mejor película. Realizada en 1926, y dirigida por Keaton junto a Clyde Bruckman, se trata de una obra muda con un presupuesto de 750,000 $, descomunal para la época, y que protagoniza un conductor de trenes inexpresivo, Johnnie Gray, y que interpreta Keaton.


Cartelería internacional de El maquinista de La General.


Como comedia es rica e insinuante, ya que no pretende dividirse en diferentes pedazos, sino más bien sostener durante sus 78 minutos una sensación continuada de asombro, interrumpida por varias carcajadas perfectamente sincronizadas. El maquinista de La General pertenece al menos a tres géneros cinematográficos: comedia, historia y persecución. La mayor parte se construye alrededor de una persecución tan implacable como cualquiera de las expuestas en la saga Bourne, involucrando a una locomotora Confederada, llamada La General, secuestrada por espías de la Unión.

La historia se inicia con el maquinista mostrándonos sus dos amores. Por un lado vemos el recelo con el que guarda la fotografía enmarcada de su prometida Annabelle Lee (Marion Mack), y por otro lo bien que luce su enorme locomotora sureña de vapor (La General). Su intención es conducir hasta la casa de Annabelle en Marietta, Georgia, para una breve visita que coincidirá en el tiempo nada menos que con el estallido de la guerra civil estadounidense, activa entre el 12 de abril de 1861 y el 9 de abril de 1865.

De inmediato Annabelle deja clara una cosa: Johnnie no tendrá nada que hacer con ella si no se inscribe en el ejército confederado. A pesar de los esfuerzos de Johnnie por ser el primer hombre en alistarse, volverá de vacío de la oficina de reclutamiento. La conclusión es que es más valioso para el Sur ejerciendo de ingeniero de Ferrocarriles Occidentales y Atlánticos. Desafortunadamente, nadie le dice a Johnnie la razón por la que no le permitirán alistarse y esto le provoca una sensación indigerible, en una época en la que si no demostrabas tu bravura como soldado, serías excluido de tu comunidad.


La ejecución de El maquinista de La General sigue dejando caer mandíbulas 90 años después de su estreno.


Tras la introducción pasamos al motor de la película (nunca mejor dicho), que no es otra cosa que una persecución en locomotora de unos 225 Km, entre Marietta y Chattanooga, y que da comienzo cuando un grupo de espías de la Unión roba La General con Annabelle dentro. Ignorando el secuestro de Annabelle, Johnnie persigue su locomotora por todos los medios; a pie, en bicicleta o sobre un cañón móvil. Durante la persecución Keaton realiza acrobacias alucinantes, de un equilibrio y precisión ni tan siquiera concebibles para el doble de Jackie Chan más experimentado.

El ingeniero Johnny Gray pasa la primera mitad de la película enfrentado en la inmensidad de la lucha entre el hombre y la máquina, y en última instancia, representa lo que sería la simbiosis perfecta entre ambas. Keaton utiliza el tren como inspiración incesante para su genio inventivo, y muchos de los pasajes que atraviesa junto a su máquina destilan un suspense minuciosamente elaborado, que acaba siempre con el éxtasis de la liberación del vapor, una bocanada de oxígeno que como espectadores respiramos de la forma más placentera.

Keaton controla la película a su gusto y logra hacer que su personaje se sienta como un perdedor incluso cuando juega con ventaja, pero ni sus momentos de bufonería más patéticos nos llevan a dudar de su capacidad. Mientras que camine, o más bien se arrastre sobre cada centímetro de La General, deberá sortear todas las trampas que le prepararán tanto sus enemigos como una adversa providencia. Todo ello con gracia, despliegue físico y en armonía con expresiones faciales de incómoda tranquilidad. Se mantiene así un espectáculo meticuloso, que transcurre a lo largo de cada secuencia de la persecución bajo la dirección de un actor talentoso que, para colmo, no dejará de sorprendernos con un conocimiento de los trenes tan práctico como profundo. Definitivamente Buster Keaton nos introduce en una clase magistral de como manipular maquinaria pesada disimulando perfectamente el gran esfuerzo que debía suponer.

Con un esquema narrativo basado en las memorias de William Pettenger, dispuestas en su obra The Great Locomotive Chase, todas las tomas de la película muestran una autenticidad y un cuidado en la composición que podría recordarnos al sentido visual de las fotografías de Mathew Brady y Alexander Gardner. El maquinista de La General transmite la ilusión de que las fotografías más afamadas sobre la Guerra de Secesión cobran vida. Nadie, ni siquiera cineastas de la talla de D.W. Griffith, Victor Fleming o John Huston, ha podido capturar el aspecto visual de la Guerra Civil mejor que Buster Keaton.

El incidente al que se hace referencia ocurrió sólo 64 años antes del rodaje. En 1862, un espía civil de la Unión, James Andrews, atravesó 321 Km de territorio enemigo junto a una pequeña unidad de soldados, consiguiendo robar una locomotora de la Western & Atlantic Railroad. El ingeniero de La General, William Fuller (la base del personaje de Keaton ), condujo la persecución de sus enemigos hasta lograr su captura. Algunos fueron ahorcados, mientras que otros escaparon y se convirtieron en los primeros beneficiarios de la Medalla de Honor. Entre estos últimos estaba William Pittinger, que publicó una memoria, Daring and Suffering: A History of the Great Railroad Adventure, que se puede descargar libremente como parte del proyecto Gutenberg.

Cuando se supo que Keaton estaba haciendo una comedia sobre la historia de Pittinger, se le negó el permiso para usar La General, que había sobrevivido y que más tarde —en parte a causa de la película de Keaton— se reformaría para su exposición en un museo de Georgia. La ciudad de Marietta, donde empieza la historia, no quería tener nada que ver con todo este embrollo, así que Keaton tuvo que recrear Georgia en el Noroeste de EEUU.

Como otras películas de Keaton, The General funciona como registro romántico de lo que es la vida en las ciudades americanas, llenas de actividad y siempre situadas frente a esplendorosas montañas, arroyos, ríos o campos. En Cottage Grove (Oregon), municipio establecido como localización principal, Keaton preservaba dos eras: la guerra de Secesión, recreada con una atención desalentadora por el detalle, y el año 1926. Los trajes eran del Siglo XIX, pero los edificios y el entorno se vieron ligeramente modificados para la ocasión. Otras películas que dramatizan la misma historia, como es el ejemplo de la producción de Walt Disney Héroes de hierro (The Great Locomotive Chase, 1956), no resultaron ser más que desfiles hollywodienses de pompa y vacío.


El maquinista de La General es una reivindicación de lo que es capaz de hacer un hombre pequeño, solitario y en apariencia débil por recuperar lo que desea.


La autenticidad de Keaton y su sobriedad cómica hacen de El maquinista de La General una experiencia todavía moderna. La narración y las bromas contenidas aparecen libres de sentimentalismo y clichés. Tenemos una escena de batalla, de cuatro minutos, que es sencillamente una de las más emocionantes de la historia, sin faltarle sus respectivas dosis de hilaridad. Y aún con momentos de clímax espectaculares, que implicaron hasta el colapso de un enorme puente en llamas —equiparable a la famosa destrucción de El puente sobre el río Kwai (David Lean; The Bridge on the River Kwai, 1957)—, la alegría de ver El maquinista de La General sigue radicando en unos gags planeados cuidadosamente, que Buster Keaton parece improvisar a cada instante. El contraste entre la restricciones emocionales de su personaje y su esfuerzo constante por mostrarse como un enérgico héroe resulta maravilloso a ojos del espectador. Si le sumamos la banda sonora de Carl Davis compuesta en 1987, al frente de la Thames Silents Orchestra, nos damos cuenta de que se trata de una obra maestra cinematográfica que mantiene su propia identidad frente a todo lo que Hollywood haya intentado crear a posteriori.

El maquinista de La General hace un trabajo titánico por mantener a la audiencia agarrada a sus asientos. Hay una parte importante de comedia de gags y payasadas varias, pero los esfuerzos de Keaton como actor van más allá, con largas escenas donde se las arregla para transmitir sus sentimientos, ideas y preocupaciones con sólo dirigir su mirada. A su lado, Marion Mack debió vivir un auténtico caos: reveló años después que, durante el rodaje, no siempre sabía lo que estaba a punto de suceder. De ahí sus reacciones tan sorprendentes y espontáneas.

Las películas mudas están destinadas a verse en cines, donde la audiencia está más receptiva a transformarse, respondiendo a cada momento con la máxima complicidad. Con las comedias se acentúa la necesidad de una sala bien equipada, con esos vendavales de risas contagiosos, algunos fugaces y otros más longevos, pero que provocan reacciones de agradecimiento en cadena. Aquí comprobamos como en las comedias de Keaton (y de Charlie Chaplin también) se aprovechan las condiciones del mundo silente en el que habitan para potenciar el gag. Un ejemplo es el desconocimiento que muestran sobre lo que pueden encontrarse los protagonistas al girarse. Así mientras Keaton mira hacia adelante, ni se inmutará aunque todo el ejército de la Unión pase por detrás, lo que provoca un cosquilleo incesante en el espectador, que en cualquier momento puede derivar en un golpe de diversión.

También son muchas las cintas de acción que han trazado comparaciones con el hito cinematográfico que supone El maquinista de La General. Mad Max: Furia en la carretera (George Miller; Mad Max: Fury Road, 2015) es un ejemplo reciente de ello, dejando claro que las escenas colosales en las que se desafía a la muerte con aplomo mientras el mundo se derrumba alrededor de los protagonistas nunca dejará de pasar de moda. Hay pocas películas con un propósito tan singular como el visto en El salario del miedo (Henri-Georges Clouzot; Le salaire de la peur, 1953), El diablo sobre ruedas (Steven Spielberg; Duel, 1971) o Carga maldita (William Friedkin; Sorcerer, 1977).

Con el paso del tiempo nos ha quedado clara una cosa: sólo había un Buster Keaton y, 91 años después de que fuera realizada, este clásico pasó finalmente por una restauración, en 2013, que mereció hace tiempo. El resultado es espectacular y la edición a proyectar en la Filmoteca de Sant Joan d'Alacant será la restaurada a 4K en la Modern Videofilm, hecha a partir de una impresión sobre el negativo original de 35 mm y bajo la supervisión de la Cohen Film Collection. Un trabajo de restauración que se estrenó en los festivales de TCM y Cannes, y que ha hecho revivir El maquinista de La General en forma de edición digital, sintiéndose más brillante y fresca que nunca, reviviendo su impacto original para ganarse así a toda una nueva generación de seguidores.



Toni Cristóbal



Vídeo introductorio a El maquinista de La General
por Toni Cristóbal.




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