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PRÓXIMO CICLO: "HISTORIA DE LA URSS"

domingo, 30 de octubre de 2016

El mensajero del miedo de John Frankenheimer


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

«El lavado de cerebro comienza en la cuna.»

Arthur Koestler.


Película de suspense en la tradición del desasosiego vivido durante la Guerra Fría y realizada en un blanco y negro más noir de lo común, El mensajero del miedo (The Manchurian candidate, 1962) ponía al día en la gran pantalla la intriga leída tres años antes en las páginas de la novela homónima de Richard Condon.

Producida por George Axelrod y John Frankenheimer, dirigida por John Frankenheimer y protagonizada por Frank Sinatra, Laurence Harvey, Janet Leigh y Angela Lansbury revelaba a George Axelrod como un guionista muy capaz más allá de adaptaciones de otro estilo como Desayuno con diamantes (Breakfast at Tiffany's, 1961).


Cartelería internacional de El mensajero del miedo.


El relato se inicia en la Guerra de Corea, donde los soviéticos capturan un pelotón de estadounidenses, llevándolos a Manchuria, parte de la China comunista. Unos días más tarde, todos menos dos de ellos, regresan a Estados unidos, acreditando al sargento Raymond Shaw (Laurence Harvey) como un héroe al que urge condecorar, cuando en realidad se trata de un personaje de lo más turbio y antipático. De inmediato, y al hilo de la pesadilla que sufre el capitan Bennet Marco (Frank Sinatra) una y otra vez, se nos situará bajo la sospecha de que Shaw oculta un misterio inconfesable.

Llegados a este punto el término clave al que ligamos la película es el brainwashing o lavado de cerebros. Podemos mencionar al hijo de una prominente familia política conservadora (Shaw), que se convierte en un asesino involuntario dentro de una conspiración comunista internacional, pero eso ya podría no impactar tanto en la actualidad. Lo que busca el espectador de hoy es descubrir lo expuesta que puede llegar a estar la mente a ciertos intereses.

Durante la Guerra de Corea, los estadounidenses descubrirían los informes inquietantes de los prisioneros de guerra de Estados Unidos que sufrieron el "lavado el cerebro" por parte de Corea del Norte y sus captores comunistas chinos. De los artículos periodísticos se extraían métodos 'Pavlovianos' y orientales tan insidiosos como escabrosos, capaces de la aniquilación completa del 'yo'. El lavado de cerebro, según las investigaciones, podría transformar a un hombre en una mezcla de títere y robot.

Algunos expertos dentro de las florecientes "ciencias humanas" fueron igualmente alarmistas en sus proclamas. Un psiquiatra de la Universidad de Columbia caracterizaba el lavado de cerebros con términos como la "violación de la mente", el "homicidio psíquico" o el "menticidio." En 1953, el recién nombrado director de la CIA Allan Dulles reforzaba el creciente pánico moral de la nación con sus afirmaciones públicas sobre un mundo comunista que empezaba a librar la "guerra de cerebros" contra Occidente.


Mediante avanzadas técnicas psicológicas, se intenta reprogramar a los soldados protagonistas, Bennet Marco (Frank Sinatra) y Raymond Shaw (Laurence Harvey).


Pero la ansiedad popular a cerca de las posibilidades del control mental no se limitaría a las prácticas comunistas. En el marco del programa MKULTRA de la Agencia Central de Inteligencia los científicos utilizarían drogas psicodélicas, privación sensorial, hipnosis y prácticas como la "conducción psíquica" en seres humanos, preparándose así para la batalla mental de la Guerra Fría.

A pesar de que este "Proyecto Manhattan de la mente" se llevó a cabo al margen del público, la América corporativa y los nuevos medios de comunicación de masas suscitarían también un malestar considerable. La aprehensión sobre la manipulación mental encubierta se reflejaba entonces en la cultura americana contemporánea.

El mensajero del miedo es una obra central de la Guerra Fría y resulta clave representando las inquietudes culturales de la época y, en particular, el temor de lo que venían siendo las pretensiones de aniquilación de la mente, en este caso por parte del bando comunista.

Han pasado más de 50 años del estreno de la película, y es cierto que la novela dedicaría más tiempo a describir el lavado de cerebros de los soldados norteamericanos. Aún así todo lo que vemos en la obra de Frankenheimer se mantiene fresco y sugerente por su trazado no lineal, su puesta en escena alucinatoria, un humor muy subversivo y un reparto magnífico.

En la película, la señora Eleanor Iselin (Angela Lansbury), impulsa la carrera política de su marido -padrastro de Shaw-, el senador John Iselin Yerkes (James Gregory), un demagogo al estilo de McCarthy que se retrata continuamente como un tonto de manual, y que da muestras de su ridiculez política variando desproporcionadamente el número de comunistas integrados en el Departamento de Defensa, con vistas a sacar rédito electoral.

Para el papel de la señora Iselin, Sinatra, que mandaba mucho cuando Frankenheimer era aún desconocido —la escena en la que Raymond discute con sus padres tras la condecoración fue filmada en el propio avión privado de Sinatra—, consideró a Lucille Ball. Frankenheimer, que había trabajado con Angela Lansbury en Su propio infierno (All Fall Down, 1962), insistió para que aceptara el papel de una madre que, en realidad, sólo tenía tres años más de edad que Laurence Harvey.

Janet Leigh despierta el interés amoroso del capitán Marco. Se conocen en una extraña conversación en un tren, y no es difícil sospechar que la joven es otro enlace de los comunistas para activar el lavado de cerebro de Marco, como hiciera la Reina de Diamantes con Shaw. De lo contrario, la conversación discordante entre dos personajes que se ven por primera vez, no tiene mucho jugo que exprimir.

Frankenheimer mantuvo que no sabía nada de la supuesta complicidad de "Rosie" con los agentes comunistas; se limitó a representar la conversación tal y como estaba en la novela de Condon, en la que no existe tal implicación. El resto de la película el personaje de Rosie no entra en detalles. Sólo es un florero romántico en las acciones de Marco, y por lo tanto, un MacGuffin.

En la novela la señora Iselin utiliza el lavado de cerebro de su hijo para tener relaciones sexuales con él antes de producirse el clímax dramático. Los censores, probablemente, no permitirían dicha inclusión referente a un tema tan tabú. Se optaría por que la señora Iselin simplemente le diera un beso en los labios a Raymond, dando a entender su atracción incestuosa hacia él.

Para la escena en la sala de convenciones Frankenheimer estaba un poco perdido en cuanto a cómo localizaría Marco a Raymond Shaw. Con el tiempo, se decidió por un método similar al empleado por Alfred Hitchcock en Enviado especial (Foreign Correspondent, 1940). Frankenheimer señalaría después que lo que antes se consideraba plagio en la década de los 60 era un homenaje.

No acabarían los guiños a Hitchcock. El hombre que sabía demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1934 y 1956) sería también objeto de homenaje en El mensajero del miedo, al nombrar un candidato Presidencial como "Benjamin Arthur". Arthur Benjamin fue el compositor de Storm Clouds Cantata en las dos versiones de la película de Hitchcock.

Ben Stiller esquematiza la historia principal de Zoolander (2001) de manera similar a El mensajero del miedo, al margen del tono mucho más cómico de su película. Por su parte la serie Homeland (2011) jugaría con la ambigüedad de un superviviente de la guerra de Irak para desarrollar unos pretextos argumentales muy similares.


La noción del control de la mente se ha hecho productiva, y la retórica política siempre tiene las salidas más tramposas para combatir al adversario.


La película fue estrenada en los Estados Unidos el 24 de octubre de 1962, en el apogeo de la crisis de los misiles y según ciertos rumores, Sinatra dejó de distribuir la película tras el asesinato de John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963. Michael Schlesinger, responsable de una reedición en 1988 junto a MGM/UA negaría el rumor. Según él, la retirada no se debió al asesinato. Simplemente ese año dejó de circular.

El mensajero del miedo no es más que una película motivada, en este caso, por hechos reales, pero que a su vez se asienta en la conciencia popular con total complicidad. En este ciclo de la Filmoteca de Sant Joan d'Alacant, 'Elecciones en EEUU', comprobamos cómo las campañas políticas en democracia tienen mucho de cine, y en la Filmoteca no queríamos perder la oportunidad de darle la vuelta a la tortilla y analizar lo que han aportado éstas al celuloide.

Formamos parte de un proceso en el que los políticos utilizan una serie de métodos para que los votantes aceptemos, de forma accesible, que son mejores que los candidatos de la oposición (o los mejores dentro de sus propias candidaturas) asistiendo a trucos muy similares a los vistos en uno de los ámbitos característicos de la cinematografía: el montaje.

Votar por quienquiera que se desee votar es, aparentemente, una decisión libre. Pero es una decisión a tomar después de ver una serie de campañas editadas específicamente para focalizar nuestras emociones.

Los cortes rápidos hacen que la gente asocie emociones contrapuestas con los diferentes candidatos. Mensajes inconexos, imágenes borrosas, los medios de comunicación lo hacen todo a propósito para que el adversario político pierda. Sin fisuras en la edición, quizás sea al revés, y todos parezcan perfectos.

Orwell razonó que si un gobierno puede controlar todos los medios de comunicación, obligando a los ciudadanos a hablar en una jerga políticamente controlada, se embotaría el pensamiento independiente. Si el pensamiento puede ser controlado, a continuación, se podrían evitar acciones rebeldes contra un régimen. Debido a la naturaleza de la ambición de poder, los medios morales para alcanzar objetivos políticos se convierten en irrelevantes; motivo para ocultar a la ciudadanía las verdaderas intenciones. El carácter Sub rosa de las élites serviría para esconder objetivos ocultos, a llevar a cabo con sus políticas de control del Estado.

Producir un "mensajero del miedo" es fruto de una quimera, una fantasía popular muy poderosa que se niega con facilidad desde el punto de vista científico. Pero tanto en su búsqueda como en los mecanismos de defensa que activó, arrojó información sobre el campo de la ingeniería social, y sobre el temor a que alguien, con intereses más o menos claros, pueda estar moldeando nuestra mente.



Toni Cristóbal



Vídeo introductorio a El mensajero del miedo
por Toni Cristóbal.





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