“La Vergüenza, no es sobre la inmensa crudeza, tan solo en su significado. No es sobre las bombas. Es sobre la infiltración gradual del miedo. Pero “La Vergüenza” no es lo suficientemente precisa. Mi idea original era mostrar tan solo un día completo antes de que la guerra estallase. Pero empecé a escribir cosas, y todo fue mal, no se por qué. No la he visto recientemente, y tengo cierto miedo de hacerlo. Cuando haces una película de este tipo debes ser muy duro contigo mismo. Es una cuestión moral.”
Ingmar Bergman, 1971.
Con estas palabras explicaba Bergman, en una publicación sueca tres años después de su estreno, las sensaciones que tenía por aquel entonces sobre su película La Vergüenza (Skammen, 1968). Una película que tal vez por la dureza con la que el propio Bergman la criticaba, fue relegada injustamente a mi parecer y por muchos, a un puesto secundario dentro de su vasta filmografía. De todas formas, Bergman, muy crítico con muchas de sus películas, fue atacado por la crítica con anterioridad a la realización de esta película por no mostrar en sus films la situación política de su momento. Tal vez por esto, se vió obligado a mostrar de una forma más explícita una crudeza, que hasta entonces no había mostrado sino de forma simbólica en algunas películas anteriores a esta como El silencio (Tystnaden, 1963).
La Vergüenza no es tan sólo una película anti-bélica como muchos críticos la han considerado durante todo este tiempo, sino que habla de muchas más cosas. Sobre todo de la cobardía del artista y de la transfiguración total del ser humano en un estado crítico. Teniendo en cuenta las dos anteriores realizaciones del director, Persona (1966) y La hora del lobo (Vargtimmen, 1967) se podría entender que la figura del artista, sus miedos y sus problemas para afrontar la realidad de su entorno eran por aquel entonces el tema más consciente en la mente del realizador sueco. Por tanto el personaje de Jan Roserberg (Max Von Sydow), se presenta, en mi opinión, como un reflejo del propio Bergman en un estado crítico y la renegación del director hacia su película es en parte considerable, teniendo en cuenta la actitud de su personaje en el tramo final de la película.
También destacar la calidad técnica de la película, de la que debe mucho a su amigo y colaborador, el gran director de fotografía Sven Nykvist, con una fotografía en blanco y negro asombrosa. El uso de primeros planos y movimientos de cámara típicos del director y el uso de sonidos y ruidos a modo de banda sonora sin uso de música, consiguiendo de esta forma un efecto más demoledor sobre el tema tratado. El gran maestro sueco creador de grandes obras maestras como El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957), Fresas Salvajes (1957), Persona o Fanny y Alexander (Fanny och Alexander,1982) discípulo del gran director sueco Victor Sjöstrom y ganador de innumerables premios, entre ellos 3 oscars, fallecía el pasado 30 de julio de 2007 a los 89 años, en la isla de Färo. Sus obras en el teatro, la literatura, el cine y la televisión hasta el final de sus días lo situan en lo más alto del arte mundial del siglo pasado. La filmoteca de Sant Joan D’Alacant se enorgullece de presentar un merecido homenaje al gran director sueco, dando por concluido el ciclo dedicado a los dos grandes directores que fallecieron el 30 de julio del año pasado, Michelangelo Antonioni e Ingmar Bergman.
Javier Ballesteros.