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miércoles, 30 de diciembre de 2009

La regla del juego de Jean Renoir.




“Tan simple y tan laberíntica, tan cándida y tan enfadada, tan inocente y tan peligrosa, que usted no puede simplemente mirarla, tiene que absorberla.”
Roger Ebert. Chicago Sun-Times
“Yo aprendí las reglas del juego de ' La Regla del Juego”
Robert Altman

Prohibida, censurada, cara y vapuleada en taquilla, parecía condenada al olvido cuando durante la segunda guerra mundial se perdía el negativo original de la película. Tras la restauración conseguida en los sesenta, cuesta darse cuenta que una película tan liviana, alegre y aparentemente inocente fuera tan maltratada y manipulada cuando se estrenó.
La película toma la forma de una partida de caza en una casa de campo, en la cual mujeres y maridos, amantes y adúlteros, señores y criados, van apareciendo en los diferentes dormitorios y fingen, como si de un baile de mascaras se tratara, que ellos son los representantes apropiados de una sociedad bien ordenada.
1939 esta considerado por muchos como el mejor año en la historia del cine: “La Diligencia” de John Ford, al mismo tiempo renacimiento y cumbre del cine del oeste, que aunque parezca mentira, en ese momento se consideraba un género desfasado. “El Mago de Oz”, la película mas vistosa y fantasiosa que jamás se había visto. “Lo que el viento se llevó”, el melodrama épico crepuscular de mas alta alcurnia concebido. “Solo los ángeles tienen alas” una de las cimas incontestables de la filmografía de Howard Hawks. En definitiva una vorágine del cine más purista narrativamente que todo el mundo anhelaba.
La Regla del Juego supone un salto en el vació respecto al estallido hoollywoodiense que se proclamaba. Una sátira de las clases altas de un país al borde de la Segunda Guerra Mundial inspirada en la obra de teatro de Alfred de Musset “Los caprichos de Mariana”, popular comedia costumbrista del siglo XIX. Probablemente el propio Jean Renoir, al igual que le pudiera pasar a Cervantes con su Quijote, no llego a hacerse una idea de la trasgresión y repercusión de su película como obra de arte universal.
El aspecto alegre y vitalista de la película envuelve un trasfondo triste y pesimista. Todos los personajes se convierten en victimas y jueces, todos se atrincheran en una razón que justifique su destino y su posición, y, tarde o temprano, todos asumen sus pecados.
Sin embargo, los contrastes no solo se encuentran en el contenido, sino también en las formas. Encontramos elementos realistas y dramáticos con otros más disparatados, comedia con melodrama, momentos de gran espontaneidad muy al estilo de la posterior Nouvelle Vague, cambios de tono u homenajes teatrales... En definitiva una riqueza de estilos que le dio en gran medida ese valor de obra totalmente transgresora para su época.
Renoir admitió que él escribió y rescribió la película varias veces, a menudo abandonando totalmente sus intenciones originales, habiendo atestiguado reacciones que él no había previsto en la interacción con los actores. Da la sensación de que los personajes no hacen lo que se espera que hagan, lo que requería con seguridad una gran labor de dirección de actores, para lograr generar esa sensación de improvisación dentro de una intención perfectamente prevista.
Jean Renoir desdibuja las convenciones narrativas y reinventa el lenguaje cinematográfico en esta película, dando pie a una representación coral, ensamblada con poso y sutileza dentro de una acción que transcurre en múltiples vías. La película sobrepasa muchas veces los límites del propio plano, no se reduce solo a lo que vemos, si no que mediante la representación de múltiples tramas paralelas se genera una sensación de vida y expectación alrededor de lo que se muestra. La película esta dotada para el empleo de la profundidad de campo de modo que los acontecimientos que continúan en el fondo sean tan importantes como aquellos en el primer plano. El uso de la cámara en relación al espacio y el tiempo de la acción es fundamental, muy lejos todavía de la aparición del steadycam en los 70, resulta realmente sorprendente la ingravidez de la cámara en los elaboradísimos plano-secuencias de la película.
El estilo de la película ha tenido un impacto sobre numerosos cineastas a nivel universal. No cabe duda de que en Europa su repercusión fue mayor, sobretodo en Italia y Francia, pero grandes cineastas del otro lado del charco como John Ford u Orson Welles tampoco escatimaban en halagos. Un ejemplo claro de que la influencia de La Regla del Juego llegó hasta la era moderna del cine es Robert Altman, cuya Gosford Park (2001) copia muchos de los elementos de su argumento (una historia de aristócratas en una determinada cultura y país que se relacionan entre ellos y también con sus criados, donde también encontramos un asesinato en el desarrollo de la trama…), y que a su vez ha influenciado mucho a unos cuantos cineastas modernos.
La Regla del Juego a menudo es citada como una de las mayores películas en la historia de cine. Una encuesta de críticos del British Film Institute por ejemplo, la alineó como la tercera gran película de la historia, colocada detrás de Ciudadano Kane y Vértigo.


Antonio Cristóbal

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