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lunes, 7 de octubre de 2019

Alemania, año cero de Roberto Rossellini.

Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.

“Cuando las ideologías se alejan de las leyes eternas de la moral y de la piedad cristiana... que son la base de la vida de los hombres, se convierten en una locura criminal. Incluso la bondad de la infancia resulta contaminada y arrastrada por un horrendo delito hacia otro no menos grave, en el cual, con la ingenuidad de la inconsciencia, cree encontrar una liberación del alma.”

“Esta película rodada en Berlín durante el verano de 1947 no pretende ser más que un relato objetivo y fiel de esta inmensa ciudad semidestruida, donde tres millones y medio de personas arrastran una existencia espantosa, desesperada... casi sin rendirse cuentas. Viven en la tragedia, como si fuese un elemento natural. Pero no por exceso de ánimo o por fe...sino por cansancio. No se trata de una acusación contra el pueblo alemán. Ni tampoco una defensa. Más bien es una serena constatación de los hechos. Pero si alguien, después de haber asistido a la historia de Edmund Köeller, pensara que necesita hacer algo, que necesita enseñar a los jóvenes alemanes a volver a apreciar la vida, entonces el esfuerzo de quien ha realizado esta película, habrá sido recompensado”.


Prólogo de la versión italiana de Alemania, año cero.

Los primeros pasos como autor completo dentro de la vasta filmografía de Roberto Rossellini se forjaron bajo el aparato propagandístico de Benito Mussolini en plena Segunda Guerra Mundial, ya que Italia había declarado la guerra al Reino Unido en junio de 1940. En la conocida como Trilogía Fascista, comprendida por  La nave blanca (La nave bianca, 1942) Un piloto regresa (Un pilota retorna, 1942) y El hombre de la cruz (L´uomo dalla croce, 1943), se exaltaba el poderío militar italiano a la vez que se suscitaba la animadversión hacia el enemigo. Sin embargo, el interés de Rossellini subrayaba cualidades como la piedad cristiana entre los atributos de los soldados italianos y demostraba un didactismo meticuloso en cuanto a la visualización de maniobras y muestreo del material militar. En estas películas ya utilizó espacios y decorados reales, así como a actores no profesionales para dotar a sus historias de mayor naturalidad. La derrota de la guerra hizo que la destrucción de infraestructuras (los estudios de Cinecittà habían sido saqueados por los nazis y bombardeados por los aliados) y la carencia de medios materiales y económicos dedicados al cine contribuyeran a que el afán documentalista de Rossellini forjara las bases del movimiento que se conocería como neorrealismo italiano. En la película fundacional de esta corriente Roma, ciudad abierta (Roma cittá aperta, 1945) el director seguía los pasos de la resistencia durante la ocupación nazi de la ciudad eterna. En la episódica Camarada (Paisá, 1946) el ejército aliado y los partisanos avanzaban en pos de la liberación del país transalpino. Tanto en una película como en otra, la guerra desposeía a los niños de su infancia haciéndolos partícipes directos de los horrores de la guerra. Mientras que en Roma, ciudad abierta el hijo de Anna Magnani formaba junto a otros niños un comando terrorista que atentaba con bombas a las infraestructuras de los ocupantes, en Camarada un niño hacía las veces de lazarillo protector de un soldado americano al que finalmente robaba las botas. El seguimiento cronológico del conflicto y su Trilogía de la Guerra o Trilogía Neorrealista se completaría con Alemania, año cero (Germania, anno zero, 1948), en la que Rossellini quiso enseñarnos los resultados catastróficos de la guerra y la destrucción moral del pueblo alemán tras el vencimiento. La película estaba ambientada en una Berlín repleta de escombros, producto de los bombardeos soviéticos que concluyeron con la rendición del bando alemán y con la muerte de Hitler a finales de abril de 1945. En esta ocasión el protagonista absoluto era un niño de doce años llamado Edmund. 



Siempre dentro de las intenciones de Rossellini se buscaba reflejar la realidad. Para ello se introdujo, en la versión italiana, un prólogo de tono democristiano con el que quedaba claramente expuesto el propósito del director. Una voz en off nos explicaba que las imágenes que a continuación se iban a ver tenían un objetivo más documental que ficcional. Rossellini dedicaba la película a su hijo Romano, el cual había fallecido en España poco antes de iniciarse el rodaje de Alemania, año cero. El tormento sufrido por esta pérdida contribuía al desasosiego transmitido en el film. Tras esta dedicatoria, proseguía el discurso aludiendo a los responsables  de pervertir ideológicamente la educación de los niños, los cuales, en virtud de estas enseñanzas habían perdido todo respeto por la vida. En este punto, el antiguo profesor de Edmund representaba lo más depravado de la condición humana, un ser que utilizaba su influencia para corromper y pudrir la conducta de sus alumnos. Él era el responsable de transmitir la ideología nazi sobre la eugenesia*, la mejora de la especie que permitía la eutanasia de los más débiles. El retrato que hacía Rossellini de lo humano buscaba aproximarse a la realidad acercándose a sus facetas más miserables y no dudaba en mostrarnos la decadencia moral que producía la supervivencia en situaciones extremas como los abusos a los más débiles, la prostitución infantil o la pedofilia.



Para conseguir la verdad, el cine de Rossellini, prefería mostrar antes que demostrar, siendo el espectador el que había de alcanzar este verismo asistiendo a las imágenes carentes, en la medida de lo posible, de florituras y manipulación. Con el fin de obtener esta verdad, Rossellini afianzaba su estilo neorrealista, en el que primaba el rodaje en escenarios reales y la utilización de actores no profesionales. El guión era meramente esbozado y los diálogos no estaban cerrados. El director y sus guionistas los cambiaban durante el rodaje atendiendo a la improvisación, acentos, vestimentas o experiencias vitales de sus intérpretes. Se buscaba realizar planos largos para potenciar la inmersión del espectador y en Alemania año cero visitábamos la destruida Berlín acompañando a Edmund, el cual era seguido por amplias panorámicas y largos travellings. La escasa duración de la película, al igual que la estructura poco convencional, dotaron a la obra de una gran modernidad que hizo las delicias de la nueva generación de cineastas franceses de la Nouvelle Vague, los cuales consideraban a Rossellini como a un padre que siempre les prestó la atención debida. François Truffaut reconoció la influencia de Rossellini y Alemania, año cero, con su representación nada enternecida de la niñez y la adolescencia, en su opera prima, Los cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups, 1959).

A pesar de la advertencia que suponía la película y el deseo manifestado de que sus imágenes nos persuadieran en el futuro de educar a la juventud en valores más fraternales, hechos similares a los narrados en Alemania, año cero no han dejado de existir. Desde entonces, otros cineastas de diferentes nacionalidades o épocas focalizaron la atención en la supervivencia de los niños durante los conflictos bélicos, en su infancia despojada y su anticipada madurez. Juegos prohibidos (Jeux interdits, 1952) de René Clément, La infancia de Iván (Ivanovo detstvo, 1962) de Andrei Tarkovski, El espíritu de la colmena (1973) de Víctor Erice, La tumba de la luciérnagas (Hotaru no Haka, 1988) de Isao Takahata o Beasts of No Nation (2015) de Cary Joji Fukunaga son ejemplos más que palpables. Al igual que la película de Rossellini estas cintas nos alertan de que cuando el escalón más débil de la sociedad sufre, cuando la inocencia de un niño ha sido pervertida, la humanidad como tal ha tocado fondo. JMT


*La Aktion T4 fue un programa de eugenesia creado y ejecutado bajo la responsabilidad principal de médicos y enfermeras durante el régimen nazi, entre 1939 y 1941, para eliminar sistemáticamente a personas señaladas como enfermas incurables, niños con taras hereditarias o adultos improductivos. Se estima que fueron asesinadas entre 200.000 y 275.000 personas. Bajo este programa algunos médicos alemanes estaban autorizados a seleccionar pacientes "considerados enfermos incurables, tras un examen médico crítico" y consecuentemente administrarles una "muerte misericordiosa" En octubre de 1939 Adolf Hitler firmó un "decreto de eutanasia" fechado el 1 de septiembre de 1939 que autorizaba al Reichsleiter Philipp Bouhler, jefe de su Cancillería, y a Karl Brandt, médico personal de Hitler, a llevar a cabo las muertes.



Video introductorio a Alemania, año cero

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