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PRÓXIMO CICLO: "MIRADAS FEMENINAS"

sábado, 20 de enero de 2018

La Strada de Federico Fellini


Ficha técnica y sinopsis. Portada del programa de mano.


«El circo se parece mucho al cine. Es posible que si el cine no hubiese existido, si no hubiera conocido a Rossellini y si el circo continuase siendo un espectáculo de cierta actualidad, me hubiera gustado mucho ser director de un gran circo, pues es exactamente una mezcla de técnica, precisión e improvisación. Al mismo tiempo que se desarrolla el espectáculo preparado y ensayado, se arriesga verdaderamente algo, es decir, se vive a la vez. Hay por supuesto ciertas cosas que no tienen nada que ver con la creación de la fantasía: las jirafas, los tigres, los animales. El espectáculo del circo es una manera de crear y de vivir al mismo tiempo, de estar sumergido en la acción, sin las normas fijas que deben tener un hombre de letras o un pintor. El circo tiene esta fuerza, este valor… y me parece que el cine es exactamente lo mismo. En efecto, ¿qué es hacer una película? Es evidentemente intentar ordenar ciertas fantasías y contarlas con una cierta precisión. Sin embargo, en el momento de rodar una película, la vida del grupo, la gente que uno conoce, las nuevas ciudades que hay que visitar para situar la historia, el conjunto de la vida cinematográfica, nos estimula, nos emociona, nos enriquece, y todo esto mientras se trabaja. En suma, el circo es parte de mí. Rápidamente, se manifestó en mí una traumatizante, total adhesión a ese bullicio, a esas músicas, a esas apariciones monstruosas, a esas amenazas de muerte. Puedo decir, para concluir, que ese tipo de espectáculo, basado en la maravilla, en la fantasía, la burla, lo absurdo, la leyenda, la falta de significados fríos e intelectuales. Es justamente el espectáculo que me va.»

Federico Fellini.


El director italiano Federico Fellini, proveniente del mundo de la caricatura, la prensa y las revistas de humor, entró en el cine bajo la tutela de Roberto Rosellini, estando acreditado como co-guionista y ayudante de dirección en dos pilares fundamentales del neorrealismo italiano de posguerra: Roma, Ciudad Abierta (Roma Città Aperta, 1945) y Paisá (1946). Aunque Fellini diera sus primeros pasos dentro de este movimiento, nunca se adhirió plenamente a sus postulados ideológicos. Su fascinación por el mundo de los sueños, de la fantasía, de la magia, su atracción por la deformidad y el fracaso, su desinterés por la política y la historia, pronto lo llevaron a un camino propio. Su poética, cargada de irracionalidad y subjetivismo, estuvo siempre desvinculada de todo intento de interpretación racional del devenir de los hechos y de los conflictos sociales.


Cartelería internacional de La Strada.


Su inicio como realizador fue co-dirigiendo Luces de Variedades (Luci del Varietà, 1950) junto a Alberto Lattuada, con guion íntegramente de Fellini. En esta primera película ya latía el germen de toda su obra posterior, especialmente su fascinación por el mundo del espectáculo, impregnado con una atmósfera grotesca y melancólica de pequeños seres condenados al fracaso. Desde entonces, su adoración por el circo, así como su obsesiva preocupación por los recuerdos de la infancia y adolescencia, presidirían su obra de forma autobiográfica y personalísima. Incluso llegó a rodar una película para televisión titulada Los clowns (I clowns, 1970) en el que el propio Fellini se demostraba como un enamorado del mundo de los payasos circenses e indagaba en su admiración por estos personajes tragicómicos a lo largo de su historia. En este filme, Fellini buscaba a sus más destacados artífices junto a su equipo de rodaje, al mismo tiempo que el director italiano evocaba su niñez, y en especial los sentimientos que le provocaba la llegada del circo a su ciudad. A la vez, Fellini hacía un recorrido por los personajes aquejados de desórdenes mentales de su infancia, por los que sentía una gran curiosidad hipnotizante.

Predicaba Fellini la falsa historia —su autobiografía está repleta de invenciones—, de que cuando apenas era un niño había huido de casa para enrolarse en un circo que pasaba por la ciudad. Tras la investigación de un periodista y ver las evidencias de su farsa, Fellini tuvo que reconocer el engaño. Más tarde reconocería:

«Cuando empecé a contar mi historia de cómo me escapé con el circo, resultó ser una historia modesta. A medida que la contaba, cada vez me recordaba a mí mismo un poco mayor de lo que realmente había sido. Envejecía meses en con el relato, años incluso. Lo que más crecía era la duración de mi ausencia de casa. Era la historia de mis deseos, más que la de la realidad de mis experiencias. Al cabo de muchos años de contar mi embellecida versión de la historia, ésta me parecía más cierta que la verdad. Entonces, un día, me fue arrebatada por alguien que me la robó de la memoria, diciendo que había mentido. Hay personas que son así. Siempre he mantenido que, si bien soy un mentiroso, soy un mentiroso honrado.»

Si bien, lo único cierto es que en su infancia el circo lo marcó de por vida y que se convirtió en una de las influencias capitales de su obra.


Imágenes del rodaje de La Strada.


La Strada (1954), cuyo título en castellano significa camino, carretera o calle, planteaba el drama de la soledad y el desamparo, y la dificultosa posibilidad de trascenderlo mediante la creación de vínculos humanos. El título hacía referencia a los lugares por los que los personajes deambulan en busca de sustento. Los lugares de cobijo eran pocos y el motocarro circulaba itinerantemente por esos caminos mostrándonos un fresco de las gentes y lugares de su época. A modo de road movie, las calles se convertían en improvisados escenarios, como lo hacían las cunetas en lugares de reposo. Sus protagonistas eran Zampanó, un hombre absolutamente elemental que recorría los pueblos montado en un motocarro para realizar su número de forzudo de circo, y su ayudante Gelsomina, una muchacha simple con una discapacidad intelectual, sensible, cuya larga experiencia de soledad, dolor y miseria se trocaba en una cierta visión mágica de la realidad. Ambos papeles son icónicos en las carreras de sus interpretes: un rudo Anthony Quinn y una memorable Giulietta Masina, esposa de Fellini e intérprete de la también inolvidable prostituta de Las noches de Cabiria (Le notti di Cabiria, 1957). Masina recordaba a su personaje con cariño diciendo:

«Tiene un modo de andar muy particular. Toda la agilidad está en los pies. Por otro lado, un peso enorme agobia sus hombros, por lo que da la impresión de que lleva toda su vida a cuestas. ¿Por qué? Porque antes de ser artista llevaba haces de leña sobre las espaldas. Todo en Gelsomina es rígido excepto los pies.»

Según Fellini, La Strada era un catálogo de su mundo mítico, donde abundaban las metáforas, potentes y a menudo irónicas. Para ganarse la vida, Zampanó se liberaba de sus cadenas de acero, pero tenía a su ayudante virtualmente esclavizada y la trataba más como a un objeto que como a una persona. En este plano, la cosificación de Gelsomina es amplia a todos los niveles, desde su validez como alivio sexual para Zampanó hasta su esclavitud como elemento domesticado y adiestrado para ser una herramienta más del espectáculo de Zampanó. El inicio de la película no podía ser más significativo, ya que Gelsomina era vendida por su madre como si de un mono de feria se tratase. Su terrible final era más propio del abandono sufrido por una mascota en la carretera durante el periodo estival, o el de un perro de caza que ya no puede realizar su tarea. Tras convertirse en una herramienta defectuosa era abandonada en una gélida carretera a su suerte. En aquellos momentos se consideró excepcional que Giulietta Masina cobrase hasta un tercio del salario de Anthony Quinn y lamentablemente así seguimos hasta nuestros días. Dos personajes míticos merecían la misma retribución. Anthony Quinn vio impulsada su carrera en papeles más protagónicos mientras que Giulietta Masina continuó bajo el paraguas de su marido.


El personaje de Gelsomina (Giulietta Masina) fue tan exitoso que los productores le pedían constantemente que hiciera una continuación, pese al trágico final de la obra. Se quisieron hacer muñecas y golosinas con el nombre y hasta Walt Disney quiso hacer unos dibujos animados. A todo ello se negó Federico Fellini.


El simbolismo católico reverberaba a lo largo del filme, con la angélica Gelsomina frecuentemente captada como figura religiosa representativa de la bondad. De la bella enfrentada a la bestia. En cierto momento, Fellini la capturaba brevemente delante de un cartel en el que podía leerse “Madonna Inmacolata”, atribuyéndole características de la Virgen María y dictámenes tan católicos como el amor y el perdón. Desde otro punto de vista, también se podía considerar el trayecto de Zampanó como un camino a la redención y la salvación gracias a la aparición de Gelsomina en su vida, o como filosofaba el equilibrista interpretado por de Richard Basehart “todo en este mundo sirve para algo”. Al final de la película Zampanó comprendía que había sido un monstruo con Gelsomina y que había obrado mal. Tal vez expiaba sus pecados clamando al cielo por el perdón y la salvación de su alma.

Con La Strada Fellini comenzó a darle la espalda al neorrealismo. Sin embargo, todavía quedaba el sentimiento de denuncia que la cámara captaba recogiendo las miserias de una sociedad destruida que vivía en la necesidad. Podríamos decir que La Strada se trataba de un neorrealismo tardío, aún así la crítica de izquierdas de su tiempo la acusó de traicionar al movimiento y de visitar ambientes y personajes con los que la guerra debería haber terminado. El bajo presupuesto también hizo que tuviera que rodarse en exteriores y decorados reales, así como aprovechar las fiestas de los pueblos y a sus vecinos de manera gratuita para realizar las escenas más populosas.

Tras el éxito de crítica y público, La Strada ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y estuvo en cartel hasta tres años seguidos en países como Estados Unidos y Japón, en dónde se comparaba al personaje de Gelsomina con el de Charlot y se elevaba a los altares al compositor Nino Rota; Fellini despegó como director estrella y en sus siguientes trabajos continuó demostrando su inmenso talento, afincado siempre en un universo propio que giraba en torno al magnetismo del espectáculo.



JMT


Vídeo introductorio a La Strada
por JMT.








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